LA REVOLUCIONARIA TEORÍA DE LA EVOLUCIÓN DE CHARLES DARWIN
Charles Darwin nació el 12 de febrero de 1809 en Inglaterra.
Se hizo famoso porque escribió la Teoría de la evolución.
Conozcamos más detalles de su vida.
Era un niño muy observador y curioso.
Todo lo apuntaba en su cuaderno.
Le encantaban los animales y las plantas.
Se quedaba horas mirándolas.
Darwin era feliz en el jardín.
Donde recogía hojas, piedras y coleccionaba insectos.
A su hermano Erasmus también le gustaba la Naturaleza.
Y juntos jugaban a hacer experimentos.
Cuando Charles cumplió 16 años, su padre lo mandó a Edimburgo con su hermano para que estudiaran medicina.
A Darwin no le gustó esa idea.
Pero la estudió durante dos años.
Al final confesó que la medicina no era lo suyo.
Entonces, su padre lo envió a Cambridge para formarse como ministro de la iglesia.
Pero su profesor de botánica le dio una gran idea a Darwin.
Le convenció para que se embarcase en el Beagle.
Un barco inglés que iba a dar la vuelta al mundo.
No era un simple viaje de placer.
El capitán del barco se llamaba FizRoy.
Y tenía que hacer mapas de las costas de América del Sur para el gobierno.
Así que necesitaba llevar a alguien que supiera de botánica.
Para que clasificara los animales y las plantas que se encontrarían durante el viaje.
En principio, la travesía iba a durar dos años.
Darwin aprovechó el tiempo.
Disecó insectos y plantas.
Recogió fósiles.
Colecciono huesos y plumas.
Y tomó muchas notas.
Pero sobre todo se dedicó a observar.
A apreciar el hábitat, cómo se alimentaban los animales, cómo construían sus nidos…
El Beagle recorrió las costas de sur América, las islas Galápagos y luego pasó a Africa.
Finalmente, regresó a Inglaterra.
En total, fueron 5 años de viaje.
Una experiencia que cambió la vida de Darwin.
Charles comparó las especies de los distintos lugares del mundo que había visitado.
Y su estudio supuso una revolución a la hora de plantear el origen de la vida.
Darwin ordenó sus ideas.
En 1858 publicó su libro sobre el origen de las especies por selección natural.
Quería compartir sus ideas con el mundo entero.
Veamos cuales fueron sus observaciones.
Cuando Darwin llegó a los Galápagos, se fijó en los pájaros de las islas.
Descubrió que tenían el pico distinto según si comían fruta, semillas o insectos.
Entonces, Darwin pensó:
Las aves tuvieron un antepasado común.
Pero se fueron adaptando al entorno que les tocó vivir para poder alimentarse.
Tienen un número elevado de crías.
Pero no todas lograrán sobrevivir.
Tocaba adaptarse.
Así que si había fruta, el pico se curvó para comerla.
Si había semillas, el pico se adaptó para partirlas mejor.
Si tenían que comer insectos, su pico era más pequeño.
A todo este proceso, Darwin lo llamó selección natural.
Y lo aplicó a todas las especies que había observado durante su viaje.
Darwin se dio cuenta de que algunas especies se habían transformado tanto que ya poco se parecían a la primera.
Lo importante era adaptarse al lugar donde estaban para poder alimentarse y sobrevivir.
Otro ejemplo lo hallamos en el tamaño del caparazón y la forma de las tortugas de las islas Galápagos.
Estos varían entre las poblaciones.
En las islas con tierras altas y húmedas, las tortugas son más grandes.
Sus caparazones son más abovedados y sus cuellos son más cortos.
Mientras que en las tierras bajas y secas, las tortugas son más pequeñas.
Y sus cuellos son más largos.
Darwin afirmó que todas las especies de seres vivos han evolucionado con el tiempo a partir de un antepasado común.
Todas surgieron hace unos 13 millones de años.
Mediante un proceso de selección natural.
A través de este, los organismos mejor adaptados logran sobrevivir.
Y desplazan a los menos aptos.
Por ejemplo, la polilla negra se camuflará mejor que una blanca.
Con el tiempo, irán quedando menos blancas y las oscuras tendrán más oportunidades de prosperar.
La evolución se debe a dos causas principales.
Una sería la mutación. Un cambio importante que se transmite de una generación a otra en nuestros genes.
Y otra sería la adaptación. Un cambio gradual y muy lento. Este favorece a las especies que mejor saben desenvolverse en su hábitat.
El origen de las especies plantea así el origen del homo sapiens.
Existió un tronco común entre los grandes monos o primates antropoides y los humanos.
Es decir, entre los póngidos y los homínidos.
En algún momento, esas dos familias evolucionaron en direcciones diferentes.
Los póngidos dieron origen a los gorilas, chimpancés y orangutanes.
Y los homínidos pasaron a ser los Australopitecus, Homo Habilis, Homo Erectus y Homo Neanderthal.
Hasta evolucionar al homo sapiens.
La hominización es el proceso de evolución del ser humano.
Desde sus antepasados más antiguos hasta el hombre actual.
Según Darwin, el hombre no desciende del mono.
Sino que compartimos un antepasado común: El primate.
Hace unos 70 millones de años.
Todavía no está claro cuando se separaron sus caminos.
Los arqueólogos han encontrado restos de seres a los que llaman homínidos.
Se asemejan al hombre en su biología.
Al parecer, el primer rasgo de hominización fue la marcha bípeda.
Aparecería hace unos 13 millones y medio de años.
Después surgió la fabricación de instrumentos.
La teoría de la evolución rompió con las dos formulaciones imperantes: El fijismo y el catastrofismo.
Es de justo reconocimiento atribuir este mérito a otros defensores de la evolución.
El propio abuelo de Darwin ya conocía esta teoría.
Lamarck fue de los primeros en situar a la evolución dentro de la ciencia moderna.
En 1809 ya contaba con una famosa publicación sobre ello.
Serían las conocidas leyes de Larmarck que todos hemos estudiado en el instituto.
En resumen, que un órgano se desarrolla con su uso.
Y el desuso lo atrofia.
Y estos caracteres adquiridos en vida son heredados por la siguiente generación.
Y esa descendencia estaría mejor adaptada al ecosistema.
Parece una explicación muy convincente, pero no es cierta.
Imaginaros que una familia ha practicado el culturismo durante generaciones.
Sus descendientes tendrían que nacer con una gran facilidad para desarrollar los músculos.
Pero no.
August Weismann demostró que Lamarck estaba equivocado.
Fue sencillo de probar.
August cortó el rabo a varias generaciones de ratas.
Según Lamarck, tenderían a ir naciendo ratas con el rabo más corto.
Un hecho que no ocurrió.
Por último, no olvidemos que Alfred Russel Wallace le envió una carta a Darwin en la que exponía una teoría muy similar a la suya.
A modo de conclusión, si pudiésemos volver atrás en el tiempo, hacia el origen de las especies.
Y le diésemos de nuevo al play…
Lo que veríamos sería muy diferente a nuestro mundo.
Posiblemente, el azar haría que apareciesen especies muy diferentes a las actuales.
Quizás, el ser humano, no existiría.
Copérnico ya dijo que no somos el centro del universo.
Sino un punto insignificante en un cosmos inmenso.
Darwin demostró que no somos una especie privilegiada.
Y construyó una influyente teoría con ideas que habían surgido de siglos anteriores.
Si se volviesen a lanzar los dados del destino, puede que no hubiésemos logrado sobrevivir.
El origen de las especies no es una teoría perfecta.
Tiene sus lagunas.
No explica el origen de la vida.
El darwinismo tiene puntos sin concluir.
Pero no podemos obviar que la evolución es un hecho innegable.
Conocerla, nos acerca a nuestro origen.