A LA CONQUISTA DEL OCTAVO CONTINENTE, LA LUNA
Los astronautas del Apolo 11 partieron hacia la luna hace ahora 50 años.
No estaban seguros de encontrar allí una superficie completamente sólida.
Primero tantearon el terreno
Antes de pisarlo, comprobaron que el liviano polvo lunar se asentaba sobre roca sólida.
Existía el temor a ser tragados.
Como en una especie de arenas movedizas.
Hoy las cosas han cambiado.
Y mucho.
Sabemos que la luna se formó hace 4.527 millones de años.
Una cifra que puede dar un margen de error de unos 10 millones de años, mas o menos.
Nuestro satélite surgió como consecuencia de un gran choque.
El mayor impacto jamás sufrido por la tierra en toda su historia.
Se topó con un objeto del tamaño de Marte.
Ha sido bautizado como Theia.
A consecuencia de la colisión, una enorme cantidad de escombros fueron lanzados hacia el espacio.
La gravedad de aquella tierra primitiva atrapó esos fragmentos.
Los mantuvo unidos.
Hasta que se fusionaron y dieron forma a lo que hoy es nuestra luna.
Un satélite de 3.474 km de diámetro.
Es el más grande de todo el sistema Solar.
Hace ahora 50 años, fuimos a la Luna sin apenas conocer nada de ella.
Hoy sabemos que tiene agua.
No mucha.
Pero suficiente para dar sustento a futuras colonias humanas.
Es agua mezclada con regolito.
Así se llama el fino polvo lunar.
Lo desconocido siempre ha atraído a la Humanidad.
La curiosidad ha sido el motor de estos avances.
Aquel 16 de julio de 1969, Arstrong, Collins y Aldrin no tenían claro el éxito de su misión.
Afrontaron el reto con un alto grado de incertidumbre.
Richard Nixon era el presidente de los Estados Unidos en ese momento.
Ahora sabemos que tenía dos discursos preparados para la ocasión.
Uno de ellos, fue el que finalmente pronunció.
Por suerte, era el que alabó la gesta de los primeros humanos que habían conseguido pisar otro mundo.
El otro salió a la luz en 1999.
El mensaje que contenía también era para ensalzar el trabajo de los tres astronautas.
Por su entrega y sacrificio.
En el caso de que no hubieran logrado sobrevivir.
Nada garantizaba que los astronautas del Apolo 11 consiguieran regresar al módulo de mando.
Este segundo comunicado dejaba a las claras el plan de contingencia de Nixon.
Si las cosas salían mal...
Se hubieran cortado las comunicaciones con los astronautas.
Terminarían abandonados a su suerte.
Eso sí, ante el mundo habría que minimizar los daños del fracaso de la misión.
Destacando solo sus partes positivas.
Pero todo salió bien.
Tras el primero, otras cinco tripulaciones aterrizaron con éxito en nuestro satélite.
La del Apolo 17, en 1972 fue la última de ellas.
En total, La Nasa logró poner a 12 hombres en la Luna.
Habrían sido 14.
Pero el Apolo 13 sufrió un incidente que le impidió alunizar.
Después, el programa Apolo terminó.
Desde entonces nadie más ha vuelto a ir a la Luna.
Muchos se preguntan por qué.
Nunca hubo encuentros extraños.
O civilizaciones alienígenas.
La respuesta es más sencilla.
Pensemos en el colosal esfuerzo que supuso el programa Apolo para su país.
400.000 personas participaron en el proyecto.
Los costes fueron astronómicos.
Al cambio actual, el precio de ir a la Luna salió por unos 250.000 millones de dólares.
Los cuales se gastaron, como he dicho, sin tener una sola garantía de éxito.
El motivo de emprender con tanto riesgo, fue político.
Fue en plena guerra fría.
La Unión Soviética estaba muy por delante de Estados Unidos en la carrera espacial.
El presidente Kennedy tuvo que reaccionar para liderar a su país.
Así lo hizo en su mítico discurso del 25 de mayo de 1961.
Kennedy embarcó a su país en un esfuerzo titánico.
La única experiencia que Estados Unidos tenía con el vuelo espacial tripulado era de tan solo 15 minutos.
Los que realizó Alan Shepard en el vuelo suborbital del Freedom 7.
En apenas 8 años se desarrolló toda la tecnología necesaria.
Se construyó el enorme cohete lanzador Saturno V.
De 110 metros de altura.
Sigue siendo el mayor jamás hecho por el hombre.
Todo se diseñó a marchas forzadas.
Las cápsulas, los módulos.
Los trajes, los motores y la informática.
Ensayar las maniobras de despegue y aterrizaje...
Hasta se inventó el velcro.
La única forma posible que tenía un astronauta de abrir y cerrar cosas con sus gruesos guantes puestos.
También llegó la comida liofilizada.
Los trajes ignífugos o las herramientas con batería.
Estados Unidos puso al límite sus capacidades.
Tenía que medirlo todo bien.
Y hacerlo, además, antes que los soviéticos.
Ahí quedó todo.
Sus posibilidades tecnológicas no podían ir más allá.
Llegar a la luna.
Echar un vistazo.
Recoger muestras y volver a casa.
En eso consistió el viaje del Apolo 11.
Armstrong y Aldrin apenas pisaron la luna durante un par de horas.
Tres años más tarde, con el Apolo 17 los astronautas estuvieron 22 horas en el espacio.
Un record que permanece imbatido.
Ahora ha llegado el momento de regresar a la luna.
Algunos científicos se refieren a esta como: el octavo continente de la tierra.
Ya no estamos en el contexto de la Guerra Fría.
Pero hay enormes intereses económicos de por medio.
La luna será la puerta de entrada de la humanidad al espacio exterior.
Hacia Marte.
Hacia millones de rocas.
Las que orbitan en Marte y Júpiter.
La administración Obama abrió en 2015 la explotación comercial del espacio.
Son muchas las empresas privadas que se han lanzdo a la búsqueda de los asteroides más ricos en minerales preciosos.
Cualquier compañía, que tenga los medios necesarios, puede llegar a un asteroide y explotarlo.
La ley de Obama abrió las puertas a un gran negocio.
El de la minería espacial.
Por un pequeño asteroide de 50 metros se puede sacar un beneficio de unos 500.000 millones de dólares.
La minería de asteroides implica construir grandes estaciones espaciales.
Muelles de carga.
Bases de suministros y operaciones.
Y el transporte de los minerales a la Tierra.
Para lograrlo, hace falta crear una base permanente en la luna.
¿Por que?
Los grandes cargueros espaciales no podrían despegar desde nuestro planeta.
La gravedad terrestre es difícil de vencer.
Es necesario acelerar hasta los 11,2 km x segundo.
Esa sería la velocidad de escape de la Tierra.
Lo que equivale a alcanzar unos 40.500 km por hora.
Cualquier cosa que vaya más lenta, terminará cayendo de nuevo al suelo.
Igual que lo haría una piedra lanzada al aire.
Por eso los cohetes son grandes propulsores.
Pensemos en que se tiene previsto realizar un viaje a Marte.
El destino se halla a 40 millones de kilómetros.
¿Sabeis que el 99% del combustible se consume en los primeros 100 km?
Con una base lunar nos evitaríamos muchos problemas.
Se enviarían pequeñas naves tripuladas.
Después las piezas se ensamblarían directamente allí.
Desde la luna podrían viajar al espacio.
Sin necesidad de luchar contra la gravedad terrestre.
La velocidad de escape lunar es de apenas 2,38 kilómetros x segundo.
Seis veces menor que la de la tierra.
Significa que se podrían lanzar naves mucho más grandes y pesadas.
Y a un coste mucho menor.
Así las cosas, no resulta extraño que las grandes potencias y las agencias espaciales del mundo quieran volver a la luna.
La administración de Trump ya planea una misión tripulada a nuestro satélite para el 2024.
El objetivo es ir preparando el terreno para establecer una base permanente en la luna.
Hacia 2030 ya se ven con capacidad de enviar humanos a Marte.
La luna se convertirá en un enorme banco de pruebas.
Para toda clase de nuevas tecnologías.
Está relativamente cerca de la tierra.
A unos tres días de viaje.
Debajo de su superficie abunda un material muy preciado.
Capaz de satisfacer todas las necesidades energéticas de los humanos en la tierra.
Se trata de Helio 3.
Un isótopo del helio que parece hecho a medida para ser el combustible de las futuras plantas de fusión nuclear.
Todo son ventajas.
No produce residuos radiactivos.
Veamos su eficiencia.
Con 25 toneladas de helio 3 tendríamos suficiente para abastecer todas las necesidades de Estados Unidos durante un año entero.
En la tierra, el helio 3 es muy escaso.
Sus átomos son eliminados por la atmósfera.
Pero en la luna, recordemos, que no hay atmósfera.
Así que este valioso gas se conserva en buenas condiciones.
Se estima que hay unas reservas lunares de 1,1 millones de toneladas de helio 3.
Una cantidad más que suficiente para cubrir las necesidades energéticas de la tierra durante siglos.
La tecnología necesaria para extraerlo, ya está disponible.
Solo hay que llevarla hasta la luna.
Y, lo principal, ver si somos capaces de sobrevivir en una base lunar permanente.
Cualquer obstáculo podría matarnos.
La intensa radiación espacial.
Las bajas temperaturas.
La escasez de agua.
O las afiladas partículas de regolito.
Auténticas cuchillas en miniatura.
Capaces de rasgar hasta los trajes espaciales.
Hasta aquí, os dejo con el resumen de la cuestión.
Primero será la luna.
Luego vendrá Marte.
Y después, otros planetas...
En los que quizás podramos llegar a vivir.
Comienza el despegue.
Cristobal Colón cambió la historia del mundo.
Puso en los mapas el descubrimiento de América.
Ahora ha llegado el turno de la luna.
El octavo continente de la tierra.