Pedro Zaragoza fue alcalde de la población de Benidorm entre 1950 a 1967.
Es uno de esos personajes que sin duda merecía que alguien le dedicara un largometraje.
Uno de esos nombres sin los cuales no sería posible entender el desarrollo de un lugar o la construcción de nuestra sociedad.
En el caso de Pedro Zaragoza, su figura resume, además, las esencias y el origen de todo un modelo económico que ha marcado a nuestra cultura en las últimas seis décadas.
El realizador valenciano Oscar Bernácer cayó en la cuenta de todo esto a medida que se iba adentrando en la personalidad de Zaragoza en la investigación que realizó para el guión de su multipremiado cortometraje Bikini.
En Bikini, Bernácer relataba, en tono de comedia, una de las anécdotas más emblemáticas de la vida del alcalde: la visita que realizó al general Franco y a su mujer para que, en plena década de los 50 del siglo pasado, permitiera el uso del bikini en las costas españolas.
Como el mismo Zaragoza se encargaría de difundir, aquello fue el pistoletazo de salida para la reconversión de un modelo económico que, centrado todavía en la agricultura y la pesca, pondría el foco en el turismo.
El cortometraje tuvo mucha repercusión, pero Bernácer se dio cuenta de que la peculiar personalidad de Zaragoza merecía un desarrollo mayor.
Así surgió la idea de El hombre que embotelló el sol, trabajo documental que cuenta algunos de los aspectos más curiosos de este apasionado alcalde.
Consciente de los cambios que estaba sufriendo la sociedad, Pedro Zaragoza tuvo una visión: transformar aquel Benidorm rural, pescador y empobrecido de la década de los 50 en el centro vacacional de Europa.
Los tiempos estaban cambiando y la tierra no daba de sí.
Urgía pues una transformación radical del modelo de subsistencia.
“Tengamos en cuenta que en el año 49, entró Pedro Zaragoza en la alcaldía de Benidorm con el siguiente panorama:
Había una despoblación brutal, sobre todo de gente joven que se estaba yendo.
La almadraba había cerrado.
Es que no había trabajo, no había nada.
Empiezan a gotear los turistas de Europa del norte y ahí abre todo el mundo los ojos.
Entones, se dijeron, nos vamos a poner a esto porque, si no, es la condena del pueblo a la desaparición”.
Pero en una España como la de aquellos años, con un régimen bien asentado y conservador, la visión de Zaragoza, se enfrentaba a no pocos obstáculos.
La transformación de Benidorm no solo requería de inversión de capital, también necesitaba de la relajación de unas normas morales que estaban a años luz de lo que estaba sucediendo fuera de nuestras fronteras.
Dos obstáculos se oponían de forma firme al sueño de Zaragoza.
El primero una iglesia católica que controlaba la moral y a la que poco le convenía la influencia de unos visitantes, los turistas, que venían a cuestionarla.
Y luego estaba un régimen político que también veía en aquellas costumbres ajenas una amenaza ideológica que no quería considerar.
Con la llegada de turistas, entrarían nuevas ideas que, libres del yugo ideológico al que pretendía someter a los españoles, podían cuestionar el orden establecido.
La llegada de turistas extranjeros a nuestras costas supuso, “el golpe de frescura y el color para la España de blanco y negro.
Es una sociedad anclada en el matrimonio católico y en la sociedad patriarcal”,
Un reflejo de ellos sería: “Esa mujer que necesita el permiso del marido incluso para tener una cuenta corriente.
Y de pronto ven que otra forma de comportarse socialmente es posible.
Y llegan mujeres del norte de Europa liberadas nos solo sexualmente, sino mujeres que tienen sus profesiones, su carrera universitaria, sus propias cuentas bancarias , negocios y lo que quieran tener”
Pero quizá lo más interesante y original de El hombre que embotelló el sol, es aquello que tiene de cuento, de leyenda la construcción de este modelo de población que inventó Pedro Zaragoza.
Para promover Benidorm, Zaragoza echó mano de imaginación recurriendo a las más extravagantes ideas.
Como la fabricación de un vino local que promocionara la ciudad (de ahí el título de la película).
Zaragoza llegó a invitar a una pareja de lapones que visitaron la población con la intención de que el acontecimiento fuera retransmitido en aquella televisión franquista que, ávida de noticias que dieran una imagen positiva del régimen en el extranjero, se tragó el cuento.
Mezcla de verdad y de leyenda, el mérito de Zaragoza fue ir construyendo una mitología alrededor de una refundación que permaneciera en el imaginario colectivo. ¿Fue realmente Zaragoza a visitar a Franco para que aprobara el uso de bikinis en las playas? No se sabe a ciencia cierta si ocurrió así.
Al final se dieron cuenta de que no importaba tanto dónde estaba ésta sino el mito, esa leyenda de la construcción de aquel Benidorm que hacía entrar a España en la modernidad.
“Comprobamos que había 10 versiones de la anécdota del bikini. Según los entrevistados.
O que te contaban lo del envío de las ramas del almendro, que fue idea de Zaragoza para promociona la ciudad en Suecia.
Todo el mundo hablaba de oídas y dándolo por cierto”
Qué mas da si ocurrieron realmente o no. Si de 50 personas que entrevistas, 48 te cuentan esa historia. Ya está, ocurrió. La historia se construye así”.
Mito o realidad. Y lo más relevante, ¿importa?
Así se levanta el relato de una ciudad cuyo modelo fue un empuje para la zona, a pesar de que hoy pueda estar cuestionado, tras los años recientes de especulación.
Pero Bernácer y su equipo tienen claro que en Benidorm hubo algunas diferencias con respecto al boom que se produjo en las décadas posteriores a la gestión de Zaragoza.
En aquella época hay una anarquía total en la construcción, sobre todo en el Levante.
Pero paradójicamente Benidorm, que es uno de los sitios más vilipendiado, por su estética y porque todo el mundo se abigarra allí, era el único sitio que estaba planificado.
Yo creo que no es lo mismo como lo planteó este hombre antes que como se planteó luego.
Para Oscar Bernácer y su equipo las cosas fueron estructuralmente muy diferentes en Benidorm. “Había un economista que decía que el modelo económico que se genera en Benidorm, la construcción es muy diferente a ortos sitios, por ejemplo Torrevieja.
En Benidorm la construcción se ha basado en los hoteles.
Eso hace que haya una rotación continua de personal y que los recursos estén bien aprovechados”.
El gran acierto de Pedro Zaragoza, fue su capacidad para detectar un modelo de negocio democratizador, que acercaba la posibilidad de disfrutar de unas vacaciones a las clases medias y bajas.
Quién le va a negar a nadie el derecho a viajar. Quién decide quién viaja y quién no viaja. Quién tiene vacaciones y quién no. Quién tiende derecho a estar en el sol en la playa y quien no.
Entonces, digamos que la gran idea de este señor es que todo el mundo pudiera ejercerlo y que fuera asequible. Eso tiene unas consecuencias, pero tiene unas ventajas para la gente”.
Dejando fuera consideraciones de orden ideológico, el interés de Bernácer se centró en contar un relato sobre una realidad que existía y a la que, para bien o para mal, había que prestar atención.
El turismo forma parte de nuestra historia reciente y en el Levante, el mediterráneo, tenemos muchas experiencias muy parecidas.
Para Bernácer el mito de la construcción de aquel Benidorm de ensueño, se asemeja, salvando por envergadura las distancias, al de la fundación de Las Vegas.
“Bugsy Siegel, el gánster, ha pasado a la historia porque tuvo una visión en el desierto de montar una ciudad del juego.
Pero luego se investiga y se sabe que Las Vegas ya existía, que había un casino fundado antes de aquella visita de Siegel.
Son historias que la conclusión a la que se llega es, ¿por qué los de Las Vegas cuentan esa historia?
Porqué es una buena historia.
Entonces están contentos de contar una buena historia sobre la fundación de su ciudad, a pesar de que el tipo era un mafioso. Pero la historia es mucho mejor que decir que había una cantina con un casino años antes”, concluye Bernácer.