Los otros bandidos, profetas o mesías
como Jesús, que fueron olvidados.
La historiadora Catherine Nixey ha recorrido en su obra, dos milenios de profetas, textos y cultos olvidados.
En la época de Jesús hubo muchos profetas como él, pero no tuvieron su repercusión posterior.
La vida de Apolonio de Tiana fue similar a la de Jesús, por ejemplo.
Ambos nacieron al principio del milenio y fueron coetáneos, seguramente.
Apolonio afirmó que su padre era un dios y su madre una mortal.
Y que, al quedarse embarazada de él, se le apareció un ser divino a su madre.
Le dijo que su bebé sería un dios hecho de carne y sangre.
Muchos textos clásicos recogen como eran esos profetas tan parecidos a Jesús en aquella época.
Solían tener el pelo largo, vestían ropas sencillas, iban descalzos o con sandalias.
Incluso se ponían pelucas o extensiones de pelo para parecer una figura divina.
El filósofo griego del siglo II, Celso, dijo que era frecuente encontrarlos en el mercado del Imperio romano de Oriente.
Para Celso, todos prometían lo mismo: sobrevivir al fin del mundo.
Nada nuevo en el horizonte.
En el siglo cuarto antes de cristo, Heródoto recogió la historia de Zalmoxix.
Una figura turbulenta que aseguró que iba a morir y a resucitar.
Aquellos que creyeran en él, vivirían para toda la eternidad.
En realidad, usó un truco muy efectivo: Se escondió en una cueva durante tres años y luego regresó.
Muchos se lo creyeron y llegaron a pensar que era un Dios.
Al principio, muchos no se creyeron lo de la virginidad de María, estaban convencidos de que estaba embarazada de un legionario romano.
Otros escritos más descabellados, afirmaban que había dragones que adoraban a María.
Hubo varios cristianismos primitivos y evolucionaron.
Los ofitas veneraban a la serpiente del Jardín del Edén.
Hubo feligreses que se casaban pero decidían ser célibes y adoptar a niños.
Hasta que Constantino unificó la religión.
Pero volvamos a los orígenes del cristianismo donde hubo tantos predicadores compartiendo tiempo y espacio.
Palestina en la época de Jesús, estaba dominada políticamente por los romanos.
En ese contexto, la comunidad judía soñaba con alcanzar el gran destino prometido por Dios: la libertad prometida.
Profetas, hacedores de milagros, pretendientes mesiánicos o grupos revolucionarios camparon por allí a sus anchas.
En general, el pueblo judío se sentía ‘elegido por Dios’ y expulsados de ‘Tierra Santa’.
Hubo una renovación del fenómeno de los profetas mediante la literatura apocalíptica.
Una forma de resistir la opresión extranjera con mensajes de renovación y esperanza para un pueblo que sufre.
Y no faltaron candidatos para cumplir con su papel de salvador.
Se suele decir que había tres tipos de agitadores sociales en la región: bandidos, profetas y mesías.
Los bandidos realizaron saqueos y otras faltas.
Solían vivir escondidos en cuevas.
Como fue el caso de Ezequías, entre los años 47 y 38 antes de Cristo.
El insurgente Eleazar Ben Yair o el grupo comandado por Tolomau.
Incluso, ya existía un libertador que se hacía llamar ‘Jesús’ en los años 60.
También destacó el líder rebelde Juan de Giscala.
Por su parte, los profetas tuvieron una labor misionera, dejando claro que habría un mesías posterior.
Tal fue el caso de Juan Bautista, el religioso que bautizó a Jesús.
Samaritano fue otro de ellos, y fue conocido entre los años 26 o 36.
Jesús, hijo de Ananías o el apodado: El Egipcio, Judas el Galileo o Simon Bar Giora, serían otros ejemplos.
Los mesías encarnaron la idea de ser los enviados por Dios.
Destacaron tres de ellos: Judas, el Galileo, Juan Bautista y El Egipcio.
En el siglo I vivieron bajo una terrible explotación económica.
De cada cuatro peces que pescaban, uno era para el diezmo de la iglesia.
Otro para pagar la renta de la tierra, la barca y la red.
El tercero para pagar los impuestos a Roma, y el último para comer.
Es normal que bajo estas condiciones se produjeran revueltas.
Judas el Galileo fue un líder mesiánico político que movilizó a los campesinos.
Aparece en los relatos del historiador Flavio Josefo.
Juan Bautista era más importante y conocido que Jesús.
Eran el gran candidato mesiánico y Jesús fue su discípulo.
Juan lo bautizó y Jesús permaneció con él en el movimiento, aprendió de él.
El Egipcio fue otro reconocido líder.
Aparece en las narraciones de Josefo y hasta en los hechos de los Apóstoles.
El Egipcio dijo que haría caer los muros de Jerusalén y que tomarían posesión de ello.
Fueron figuras que congregaron a multitudes y cuyos movimientos fueron violentamente reprimidos.
Al igual que pasó con Atronges, Juan de Giscala, Simón Bar Giosa, Teudas…
Todos fueron candidatos mesiánicos antes, durante y después de Jesús.
Al final, el cristianismo, tras la muerte de Jesús, acabó traspasando fronteras.
La resurrección de Jesús hizo que sus discípulos propagasen su mensaje de una forma más eficaz.
El resto de mesías y movimientos revolucionarios quedaron olvidados dentro de las fronteras nacionales y étnicas.