Apenas era un adolescente, un muchacho que soñaba en silencio, hasta que el 19 de mayo de 1984 una marca “encendió las alarmas” de los mejores exponentes del salto de altura en el mundo. Javier Sotomayor volaba hasta los dos metros y 33 centímetros e imponía nuevo récord mundial de cadetes.
La secuencia del nacido en el municipio matancero de limonar fue increíble, con inicio en 2,19 metros, para dar paso a 2,21, 2,25, 2,28, 2,32 (que ya era cota del orbe entre cadetes) y finalmente el 2,33.
Ese acontecimiento, del cual se habla poco en el mundo de deporte celebró recientemente sus 36 años, porque tuvo lugar en 1984.
“Ese salto de 2,33 metros me dio a conocer a nivel internacional con solo 16 años, porque imaginate que el récord mundial entonces era de 2,37 y ese mismo año aumentó luego a 2,38”, dijo Sotomayor en entrevista concedida al comentarista deportivo Andy Vargas, de la COCO.
“Ese es el récord del que menos se habla, pero todos es el más difícil de romper porque algún atleta debe superar los 2,45 que constituyen marca absoluta de mayores al aire libre y los 2,43 bajo techo –han estado cerca-, pero veo muy complejo que con 16 años puedan llegar hasta los 2,34 y dejar atrás mi marca”, agregó el apodado Príncipe de las Alturas.
A los 14 años, Sotomayor superó los dos metros y en solo 19 meses, ya como alumno de la Escuela Superior de Perfeccionamiento Atlético (ESPA) nacional, su registro ascendió a 2,33. Así relata esa progresión:
“Con 14 años todavía le tenía un poco de miedo a las alturas, pero cuando eso acabó, entonces los resultados mejoraron en una forma que ya pensábamos en grande”, confesó el destacado atleta, campeón olímpico en Barcelona 1992 y subcampeón en Sidney 2000.
Desde temprana edad, el “Soto” era un deportista muy responsable con su manera de asumir los entrenamientos, la atención esmerada en la técnica y su autocuidado, en lo que mucho influyeron las enseñanzas de sus entrenadores. Sobre su guía en aquella etapa novel de la carrera, el cuatro veces monarca mundial, expresó:
“El profe José Godoy era un entrenador capaz de enseñarte a apreciar dónde estaban los errores, qué estabas haciendo mal, tanto en el adiestramiento como en la competencia el atleta tenía que ser responsable por su desempeño. Aprendí mucho desde esa época de cadete”, dijo.
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