Los que escuchamos cada semana a Enrique en Radio Valdivielso sabemos de su debilidad por Bach. Cualquier disculpa le sirve para hablar de Juan Sebastian, para volver a escuchar alguna de sus obras. Lo que yo nunca habría imaginado es que un chicle Bazoka le fuera a dar pie a volver a hablar del autor de "La Pasión según San Mateo". Como un chicle pegado bajo un pupitre podría parecer un argumento de poco peso, antes criticó la alegría que puede despertarnos escuchar a Vivaldi, Haydn, Wagner o Beethoven. Que si la de uno es muy pastoril, que si la del otro muy británica, que si la de aquel puro fuego de artificio. Total que Enrique quería hablar de alegría y ahí, como no, la de Bach es la buena. Una alegría que te empapa como la niebla de esa mañana, como la lluvia fina. La que te moja sin que casi la sientas, la que te hace ser mejor persona. Todo ello lo contó en la escuela de Toba, en ese mismo lugar al que llegaba Doña Margarita, la maestra, atravesando el frío del invierno. Allí la esperaban las hermanas Sedano, dejando de masticar el chicle Bazoka y pegándolo bajo el pupitre para, en otro momento, volver a metérselo en la boca y volver a sentir el sabor de la goma de mascar que habían comprado en el Bar de Vicente. Y es que a Enrique de la Peña cualquier historia contada al vuelo le sirve para hilar. Y aunque de hilandera no le veo, estoy seguro que el teatro se ha perdido una gran actor. Lástima que la urología se cruzara en su vida. Gracias a Enrique y gracias a los Amigos de Toba por hacer posible estos momentos en los que, además de su aperitivo, saboreamos el rato compartido con la buena gente.