La mayoría de las leyes, derechos y obligaciones que definen la masculinidad o la feminidad reflejan más la imaginación humana que la realidad biológica. Los términos sociales, como etiquetas, portan consigo una gran cantidad de equipaje que sólo tiene una tenue relación, si es que la hay, con los aspectos biológicos. Nuestros mitos culturales asignan papeles masculinos y femeninos, derechos y deberes de un orden humano imaginado. Puesto que son mitos y no biología, aquello que define la “masculinidad” y la “feminidad” debería ser, de una vez por todas, equiparado.
¿La música clásica ha sido un coto privado y exclusivo para hombres a lo largo de la historia? Escasa información que tenemos acerca de compositoras en este ámbito.
¿Un olvido premeditado que coincide con el de la propia desvalorización de la mujer en lo social, político, religioso y artístico, entre otras áreas?
A pesar de los obstáculos y prohibiciones, muchas mujeres han aportando a las artes, aún desde la clandestinidad, sus creaciones, una forma más de “dar a luz” su esencia, aún a riesgo de ser apartadas por ese patriarcado dominante que ha teñido la historia de límites, tabúes e intolerancia. Hoy repasamos los nombres de algunas de estas mujeres.