Hoy nos hablan las notas negras de un chelo y un violín, desde el blanco de una partitura. Y lo hacen de manera suave, refinada, con arranques de atrevimiento que lo invaden todo, para luego regresar a esa elegante distancia, que no es distante, de aquellos sonidos que se saben amigos y que nuestro oído entiende.
Música.
También hoy podemos asistir al dialogo que ante nosotros mantienen unos colores y unas letras presos en superficies cuadradas suspendidas, más que colgadas, en el blanco de una gran pared. Silencio y quietud. Armonía y distancia, que no es distante, de colores y letras, que se saben amigos y que nuestra vista siente.
Pintura.