...Un par de horas antes, mi padre intentaba convencer a su amigo Chenchu, el cartero, para que entrara al teleclub y se quedara a ver la tan anunciada llegada del hombre a la Luna, pues se suponía que la nave ya había alunizado y en breve descenderían de ella los astronautas. Chenchu, echándose la boina hacia atrás, miró con ojos burlones el bello cielo que en aquella noche estival cubría El Campillo y, sin dejar caer de la comisura de los labios la colilla de su sempiterno cigarrillo, dijo con una sonrisa guasona: «La Luna ya la veo yo desde aquí. ¡Mírala, Patxo! Allí no hay nadie.» Fina ironía y claro pragmatismo de un valdivielsano al que ninguna proeza de la navegación espacial le iba a cambiar la vida. En un pueblo que solo tenía una calle pavimentada, que carecía de saneamientos, con un suministro eléctrico que daba para poco más que unas cuantas bombillas, ¿acaso le iban a emocionar a alguien los prodigios técnicos que solo se veían en la pantalla de un televisor? " Seguir leyendo en www.radiovaldivielso.es