Recuerda que tenía diez años y sobre el césped de aquel campo “rugía la Galerna del Cantábrico”. Recuerda como se hablaba de orden y colocación, de generosidad, de compañerismo, de sacrificio. Recuerda que, entre aquella maraña de piernas y balón, aprendió a encontrar la belleza. Recuerda recuerdos de fracasos y de copas.
La otra noche cuando una cabeza en el aire empezó a pintar el cielo de blanco recordó de nuevo, nunca he dejado de hacerlo, a aquella niña que agarrada de la mano de su padre, llevando un bocadillo en la otra y sin parar de preguntar, caminaba feliz Concha Espina abajo y entornando los ojos… sonreí.
Es parte de la magia del fútbol… me hace siempre recordar.