“Es una perfecta sinfonía, suave, tranquila y de pronto ruidosa, brillante y que llega a nuestros oídos cargada de agua y de sal”. Es el sonido del mar Gorrión, me dijo el abuelo. Y escuché. Escuché el silencio que las olas rompen al reventar contra la arena. Sentí el sonido de la espuma cuando suavemente se desliza por la orilla para regresar de nuevo al mar. Oí a la brisa navegar por encima del agua y llegar cargada de sal a la tierra y al fondo un ruido estridente, enorme de de rocas, de viento y de agua.
Bajel pirata que llaman
por su bravura el Temido,
en todo el mar conocido
del uno al otro confín...
Proseguía el abuelo. Entorné los ojos y busqué siniestros bajeles en las aguas, tenían que estar allí. Fue una tarde de julio y era la primera vez que veía el mar.