Remembranza de SU partida que todos los días ocurre. Miedo a la soledad que en nosotros produce su ausencia. Temor ante al vacío que deja.
Melancólica paz. Pensamiento sereno que se desliza pausado hacia dentro y nos hunde los pies en la tierra. Más su ausencia no atrapa, no engaña, no angustia, ya que antes de marchar se detiene siempre un momento para lanzar un sonoro quejido. Tan sólo un momento, un leve instante, un suspiro… y nos anuncia su vuelta.
Es como el leve sonido final de estas notas, que la guitarra arranca de sus cuerdas, y que siempre he sentido que me piden Regresar.