UN VALENCIA DEL QUE ESTAR ORGULLOSO
Mestalla, que es un estadio exigente pero justo, despidió ayer a los jugadores del Valencia con una ovación que los chavales se merecieron de largo. Sin Gayà, sin Soler -lesionado al cuarto de hora- y teniendo delante a uno de los grandes de LaLiga, el equipo compitió en todo momento, cayendo en la recta final, ya desfondado.
No hay derrotas útiles. El proceso de crecimiento en el que está el grupo que dirige Bordalás hubiera agradecido, al menos, no perder. Pero, si hay que caer, seguro que los 30.000 que ayer estaban en el estadio eligen caer así.
El encuentro acabó 1-2, como pudo acabar 1-1 si el remate de Vinicius no toca accidentalmente en Foulquier. Pero hay que hacer un balance más allá del resultado. Y la realidad es que, en tan solo cinco partidos, el Valencia tiene automatismos, solidaridad, esfuerzo y gran capacidad competitiva. Si le respetan las lesiones, va a ser una buena temporada. Al tiempo.