El hombre desde tiempos remotos ha buscado una conexión con la naturaleza y el universo que lo rodea. Desde la astrología que ayudaba en la época primitiva a predecir las crecidas de las aguas hasta la creencia de que la Tierra era inmóvil en la época de Aristóteles, quien pensaba que los cielos eran inmutables, la creencia en torno al cosmos ha cambiado considerablemente.
Con el advenimiento de la ciencia moderna, teniendo como precursor de ese proceso a Nicolás Copérnico, quien a través de la teoría heliocéntrica planteó la traslación de la Tierra y su rotación en torno al sol, junto con otros cinco planetas, nuestra visión del mundo cambió de manera rotunda.
Así durante los siglos XVII, XVIII y XIX, fuimos conociendo más sobre el universo, su composición y estructura, además de las propiedades básicas de las estrellas.