A simple vista, Orlando Batista Salas no parece lo que es. Claro que es un hombre joven, decente y responsable. Pero, es un destacado productor de carbón vegetal y eso, no se nota en sus ropas limpias, sus manos sin tizne y su rostro sin sudor. Lo conocí casi por casualidad en la Empresa Agroforestal de Las Tunas a la que está vinculado desde la comunidad en la que reside, Laguna Blanca, en el municipio de Jesús Menéndez.
Habla poco, aunque sus palabras muestran el orgullo que siente por esta profesión pues de sus manos nacen trozos negros que van a parar a chimeneas, hornos y parrillas del continente europeo, fundamentalmente.
«Llegué al mundo del carbón por mi papá que era carbonero. Él se retiró en la actividad. Desde niño estuve trabajando con él y me llamó ese mundo; que es difícil; pero, no tanto».