No es que el viento despeine su cabello, sino que el pelo se le pega en el rostro bajo el intenso calor que recoge la placa del pequeño local donde cuelgan máscaras, aspas, cables, y cuanto esqueleto sirve para recomponer uno de los mejores amigos del cubano en tiempos de verano, el ventilador.
Yaritza Hernández Peña reconoce que nunca se pensó en un contexto así, y obvia las razones de mayorías prejuiciosas, como la grasa, el polvo o el daño reversible a sus llamativas uñas.
«Desde hace tres años y medio más o menos empecé a ayudarle a limpiar ventiladores, a estar con él, a acompañarlo, y ahí me fui instruyendo, apretando tornillos por aquí y por allá hasta que ya aprendí.