A poco más de cuatro kilómetros de esta ciudad se erige una zona rural con marcado arraigo entre los tuneros, Barranca, un sitio en el que viven cerca de mil 700 personas que se dedican fundamentalmente a hacer producir la tierra, aunque muchos laboran en la capital de la provincia de Las Tunas.
Allá las mujeres vivieron, por años, una eterna faena diaria en sus casas, dedicadas a la atención de los hijos y del resto de la familia. Pero, gracias a la transformación de las comunidades y el papel protagónico de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, su vida comenzó a cambiar.