Aún conservo las fotos de mis 15 años, aunque para ser sincera nunca me detengo a mirarlas. Sé que están en un librero, guardadas, digo yo que para enseñarlas a mis hijos cuando los tenga. Ya han transcurrido casi 10 años de aquel momento especial, pero me atrevería a asegurar que mucho antes de cumplirse mi décimo sexto aniversario, ya nadie preguntaba por las instantáneas, ni siquiera yo, y no porque carecieran de calidad, sino porque el tiempo, la rutina, el decursar de la vida, se encarga de hacernos eliminar prioridades e incorporar otras según nuestro contexto.