Marilys Pérez Díaz es una de las guías del Jardín Botánico de Las Tunas, en otros tiempos sin pandemia estaría rodeada de visitantes curiosos, respondiendo las preguntas más interesantes y mostrándoles con el entusiasmo que la caracteriza, las creaciones de la naturaleza y de sus manos, claro está.
“Yo trabajo en la nave de propagación, desde aquí limpio, riego, cuido las colecciones y si hay que vender, vendo también”, dice Marilys sin detener su paso. Solo atino a reconocer sus ojos, porque su cabello está resguardado bajo un sombrero y el resto de sus facciones se esconden tras el nasobuco.