Desde hace varios años, el campesino de Puerto Padre, Enerio Hernández Ojeda, dio un vuelco a su vida porque solicitó tierras en usufructo para transformar no solo su propia existencia; sino la de los familiares, los vecinos y muchos otros tuneros que comen de sus producciones.
Con una voluntad extraordinaria, forjada por sus propios valores, desbrozó malezas, emparejó los suelos, aprovechó el agua -que por suerte había- y convirtió aquellas áreas en las hermosas plantaciones que hoy adornan ese punto de la comunidad de Gayol, en los alrededores del poblado de Vázquez.