Hey escuchate, estás casi gritando, se te oye muy enojado, detente un momento, tengo algo qué decirte: Si logras ver por el retrovisor al asiento trasero son tus hijos, seguro están asustados y sus ojos muy abiertos, inmóviles y es que esta es la primera vez que te oyen tan sacado de tus casillas. Enojarse no es pecado, hasta es comprensible que de pronto y justificadamente llegues a este punto, lo delicado es que se repita varias veces al día e incluso el enojo de ayer todavía lo estés alardeando hoy. La biblia dice que no permitamos que se ponga el sol sobre nuestro enojo. Eso quiere decir que toca considerar hacer las paces con quien te ofendió o provocó y perdonar la ofensa. Vamos date una sonrisa contigo mismo, ves, jajajaja, tómate una dosis de alegría y hasta tu salud lo agradecerá. Esos niños tan hermosos que nacieron del fruto de un amor sincero entre dos seres que se amaban no tienen la culpa. Cada vez que te ven, te consideran un super héroe, una mujer o un hombre que les merece su admiración, infalibles, dicen ellos, nunca se podrían equivocar. Ahhhhh qué lindo el corazón de los peques, mejor empecemos a llenarnos del amor de Dios, y cómo hago eso? Te preguntarás, bueno, es muy sencillo, empieza por considerar que hay una fuerza de vitalidad que permite que todo a tu alrededor no se desmorone, las estrellas no se caen y la tierra no se parte en mil pedazos, hace que salga el sol y al anochecer la luna, la lluvia cae sobre todos los seres vivientes y sobre los hombres ya sean buenos o malos, de hecho tu lograste ver la luz del día hoy porque Dios es bueno. Nadie tiene garantizado el día de mañana, lo que sí es seguro es que hoy tu estás vivo y puedes abrir tu corazón voluntariamente al amor de Dios y mostrarte agradecido. No te hablo de religión, eso son normas que los hombres empezaron a usar para encasillar una forma tan increíble de amor. Te hablo de que la unica manera de calmar tu enojo es encontrar la paz dentro de tí, tomado de la mano del ser más paciente, amoroso, humilde y grandioso que ha pisado este planeta: Jesús, siiii, el hijo de Dios. Nadie más puede calmar la ira que llevamos dentro sino la salvación por medio de Cristo. Abre tu corazón, deja que entre en ese espacio de tu alma que tienes cerrado desde dentro. Ya basta, aun te quedan muchos años por vivir y muchas lecciones de amor qué dar a tus hijos. No los desperdicies entre gritos y amargura. Repite conmigo estas palabras: Dios, te abro la puerta de mi corazón, quiero que entres y tomes el control de mi vida, estoy dispuesto a escuchar tus palabras sabias y dejarme guiar para salir fuera de esta cárcel, acepto que Jesús es tu único hijo y es Señor de toda la creación. Perdona mis faltas y pecados, inscribe mi nombre en el libro de la vida y enséñame como serte agradable. Amén.