Caminar la ciudad es vivirla, la experiencia en el ser humano es irremplazable, es un ejercicio cognoscitivo por sí solo, y entre más se camina y se explora, son más los lazos que se establecen entre el hombre y el contexto. Es en esta dicotomía en donde se generan los trayectos cotidianos que interrelacionan, confluyen y se recrean cada día por su propia complejidad, poniendo de manifiesto la relevancia de su estudio.