No es fácil aceptar esta verdad.
Parece cosa ajena, una de esas
historias que te cuentan: «no sabéis,
resulta que Fulana tiene un cáncer...».
Y ahora soy yo Fulana, que contempla
los árboles, la calle, el brillo húmedo
y negro del asfalto, aquellos novios
que llevan tanto tiempo despidiéndose,
imágenes ya débiles de un mundo
que se quiere acabar y en que he vivido
sin darme casi cuenta, como a ciegas.
No es fácil aceptar esta verdad:
la de ser yo quien muere, quien no quiere,
quien no puede aceptar que todo esto
no sea una película o un sueño
que tendrá su final, que acabará,
que no dejará rastro, cuando alguien
encienda, al fin, la luz y me despierte.
Obra: Las casas abandonadas, de Manuel Ballesteros
Voz: Manuel de la Chica