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Hay dos problemas. Un diseño que coloca al Senado en posición de superioridad y el uso de esa ventaja para ampliar sus facultades más allá de lo que puede entenderse por modificar. La delegación de facultades muestra hastadónde llega esa interpretación. No se resuelve una discrepancia entre cámaras, solo se impone la voluntad de una sobre la otra.
Se discute el pedido del Ejecutivo para que se le deleguen facultades en seguridad ciudadana y frente al Fenómeno El Niño. Detrás de esa discusión se pone a prueba qué tipo de parlamento tenemos y cómo va a funcionar. Lo que se decida ahora, y cómo, marcará la relación entre Ejecutivo y Legislativo y entre gobierno y oposición.
El Perú es el país de las incertidumbres, pero lo ocurrido conLima pudo evitarlo el JNE. Los políticos y los partidos pueden hacer lo que quieran, pero las instituciones deben colocar límites bajo el imperio de la ley, con firmeza. Esto no ha sucedido. A lo largo del año, tanto en las elecciones generales como en las regionales y municipales, las reglas que eranclaras dejaron de serlo y, allí donde eran poco claras, se pronunciaron.
La trashumancia no es solo un problema del padrón. Es un problema de representación. Si alguien que no vive en una localidad es incorporado artificialmente a su electorado para decidir quién la gobierna, se altera la relación entre representantes y representados. Pero cuando esa práctica seorganiza desde una candidatura, estamos ante un operativo para modificar la voluntad electoral de una circunscripción, configurándose, un delito electoral.
Una autoridad electoral no solo resuelve casos. También fijacriterios que ordenan el comportamiento de partidos y candidatos -sancionar, por ejemplo, agresiones verbales y amenazas- de manera clara y firme. Eso es lo que ha faltado. Y esa omisión tendrá consecuencias. Lima ya tiene demasiadosproblemas y no necesita agregarle incertidumbre sobre quién puede gobernarla.
El gobierno no puede gobernar como si tuviera todo el poder y la oposición no puede actuar como si pudiera bloquearlo todo. Tendrán que acordar, ese bien tan esquivo, más allá de su voluntad.
Seis partidos pueden perfectamente constituir un sistema. Pero, el número no determina que funcione bien o mal. Es importante observar cómo interactúan, qué tan estables son, qué diferencias programáticas los distinguen, cómo compiten y cooperan y, sobre todo, qué vínculos establecen conla sociedad.
Keiko ganó, además, por una diferencia mínima. Tiene respaldo inicial, pero no recibió un mandato electoral abrumador. La luna de miel existe, aunque puede durar poco si los resultados no acompañan. Este primer mes no permite saber todavía si el gobierno será exitoso o un fracaso. Pero la pregunta es si Keiko puede convertir el poder político que tiene, en capacidad efectiva de gobierno. Un mes es poco para responderla. Pero es suficiente para saber que ese objetivo, se ve ahora más distante.
A seis semanas de elegir alcaldes, ningún candidato parece plantearse qué significa gobernar una ciudad de más de diez millones de habitantes con 43 gobiernos locales. Mientrassigamos eligiendo alcaldes por separado, Lima mantendrá una paradoja: una sola ciudad, pero 43 gobiernos para administrarla.
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