Por Pablo Callejón
El bar tradicional de la esquina, un taller que reparaba celulares, varios locales de ropa adolescente, el negocio de indumentaria deportiva, un salón de venta de bijouterie, el comedor de las empanadas más ricas, todos cerrados. Hay cada vez más vidrieras vacías. No solo en cantidad, sino en tamaño. Al principio solo bajaban las persianas los comercios pequeños y ahora es el turno de los medianos. Después de 2 años de una recesión asfixiante durante el gobierno de Mauricio Macri, la pandemia obligó a una cuarentena que vació las cajas de ingresos. Los comerciantes que aún esperan los efectos del rebote económico en la nueva normalidad, resolvieron alejarse del centro para ocupar locales en los barrios. Otros, abrieron en sus propios garajes y hasta cambiaron de rubros. La reconversión es el último intento por no dejarse vencer en esa batalla desigual contra los costos tarifarios, la persistente inflación y la debacle del consumo....