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Or


Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles; si el Señor no protege la ciudad, en vano vigila el centinela. En vano te levantas tan temprano y te acuestas tan tarde, y con tanto sudor comes tu pan; Él lo da a sus amigos mientras duermen.
La palabra «en vano» es la clave aquí, y resuena claramente tres veces. Los hombres que desean edificar saben que han de trabajar y, en consecuencia, ponen en ello toda su habilidad y fuerza; pero que recuerden que si Jehová no está con ellos, sus planes terminarán en fracaso.
Fue, pues, con él; y le seguía una gran multitud, y le apretaban. Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre, y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor...
Al comenzar su reinado, Uzías tomó la firme decisión de ir en pos de Dios. La palabra persistir aquí nos enseña que durante ése tiempo el rey Uzías vivió para buscar a Dios. El vrs. 5 nos dice que el rey Uzías “persistió”, la raíz de éste término hebreo significa: respirar; ser (en sentido de existencia), acontecer, llegar a ser, existir.
“Y te mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios y él no los ha estorbado. Por tanto, yo he juzgado a la casa de Elí que la iniquidad de la casa de Elí no será expiada jamás, ni con sacrificios ni con ofrendas” (1º Samuel 3:13-14).
La familia es el fundamento de la sociedad, si criamos a nuestros hijos con principios y valores cristianos serán hombres y mujeres de bien y así hacemos sociedades más saludables en el mañana.
Los valores son inculcados primeramente en el hogar, no en la escuela o en el vecindario.
La palabra de Dios es muy clara cuando dice en Proverbios 22:6 “Instruye al niño en su camino, y aún cuando fuere viejo no se apartará de el”.
En aquellos días Ezequías cayó enfermo de muerte. Y vino a él el profeta Isaías hijo de Amoz, y le dijo: Jehová dice así: Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás.
¿Cómo no estar afanosos? Cada uno de nosotros cuenta con una lista larga de circunstancias que conducen al afán, es decir, a la ansiedad: problemas en las relaciones, dificultades financieras, responsabilidad por nuestros hijos, presión en el trabajo, falta de trabajo, etc. Y además de nuestra vida personal, el mundo de hoy parece fabricar una serie de eventos a gran escala que producen más ansiedad —incertidumbre económica, guerra, agitación social—, los cuales nos llegan en una cinta transportadora de noticias las 24 horas del día.
La oración es la sangre de la vida espiritual y es fundamental que aprendamos a orar.
La verdadera religión, es decir, la auténtica actitud del hombre con relación a Dios es la obediencia de sus mandamientos, la interiorización sincera de su voluntad, de forma que el hombre haga de la voluntad de Dios la norma de su vida y de su conducta.
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