Hoy profundizamos en la ordenanza del bautismo como un mandato directo de Jesucristo, quien, tras su resurrección, recibió toda autoridad para salvar a quienes el Padre le entregó. El bautismo se presenta no sólo como un acto de obediencia, sino como un símbolo poderoso de nuestra unión con Cristo: al ser sumergidos, representamos la muerte de nuestra antigua naturaleza pecaminosa, y al emerger, celebramos nuestra resurrección a una vida nueva y transformada por la gracia soberana de Dios. Además, este acto simboliza la limpieza de pecados, la pertenencia exclusiva al Dios trino y el compromiso público con la iglesia local. Aprovecha esta oportunidad para que tu corazón se llene de gratitud, adoración y una comprensión más profunda de la redención, lo cual será, sin duda, de mucha bendición para tu vida espiritual. Mateo 28:18-20.