Esta parte del Salmo 51 culmina en una visión profética de redención integral: el corazón perdonado, limpio de sangre y lleno de alabanza, rechaza sacrificios vacíos por el espíritu quebrantado que Dios no desdeña, abriendo las puertas a una adoración renovada que reconstruye no solo al individuo, sino a la comunidad entera —"Haz bien a Sion por tu buena voluntad; edifica los muros de Jerusalén" (v. 18)—. David, el rey caído y levantado, nos enseña que el fruto del perdón no es introspección estéril, sino efusión extrovertida: labios abiertos para proclamar, un corazón humillado que agrada al cielo y ofrendas de justicia que fluyen hacia los altares. En última instancia, este pasaje reafirma que la gracia de Dios, al borrar la culpa, siembra semillas de gozo colectivo, convirtiendo al pecador arrepentido en instrumento de bendición, donde la alabanza personal se expande en restauración eterna para su pueblo.
Banda sonora: Drop the Tapes - Biblioteca de audio de YouTube
Donaciones local: https://iglesiadeciudadreal.es/donaciones
Web: http://iglesiadeciudadreal.es/
Podcast: http://www.ivoox.com/podcast-iglesia-.
YouTube: https://www.youtube.com/channel/UCPq8l9Q7KcX7j6iOGDPP_zg
x (antes Twitter): https://x.com/home?lang=es
Instagram: https://www.instagram.com/
Facebook: https://www.facebook.com/IglesiaCristianaEvangelicaDeCiudadReal
Nota informativa: En todos nuestros videos se pueden traducir los SUBTÍTULOS a cualquier idioma. Ir a configuración y elegir idioma de subtitulo.
2
11/01/2026 - PREDICACIÓN DE LA TARDE - SERIE EL PECADO Y ARREPENTIMIENTO DE DAVID
Salmos 51 - Reina-Valera 1960
Arrepentimiento, y plegaria pidiendo purificación
Al músico principal. Salmo de David, cuando después que se llegó a Betsabé, vino a él Natán el profeta.
51 Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia;
Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.
2 Lávame más y más de mi maldad,
Y límpiame de mi pecado.
3 Porque yo reconozco mis rebeliones,
Y mi pecado está siempre delante de mí.
4 Contra ti, contra ti solo he pecado,
Y he hecho lo malo delante de tus ojos;
Para que seas reconocido justo en tu palabra,
Y tenido por puro en tu juicio.
5 He aquí, en maldad he sido formado,
Y en pecado me concibió mi madre.
6 He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo,
Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.
7 Purifícame con hisopo, y seré limpio;
Lávame, y seré más blanco que la nieve.
8 Hazme oír gozo y alegría,
Y se recrearán los huesos que has abatido.
9 Esconde tu rostro de mis pecados,
Y borra todas mis maldades.
10 Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio,
Y renueva un espíritu recto dentro de mí.
11 No me eches de delante de ti,
Y no quites de mí tu santo Espíritu.
12 Vuélveme el gozo de tu salvación,
Y espíritu noble me sustente.
13 Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos,
Y los pecadores se convertirán a ti.
14 Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación;
Cantará mi lengua tu justicia.
15 Señor, abre mis labios,
Y publicará mi boca tu alabanza.
16 Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría;
No quieres holocausto.
17 Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado;
Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.
18 Haz bien con tu benevolencia a Sion;
Edifica los muros de Jerusalén.
19 Entonces te agradarán los sacrificios de justicia,
El holocausto u ofrenda del todo quemada;
Entonces ofrecerán becerros sobre tu altar.
© Sociedad Bíblica de España