Aprendimos muy temprano, en la infancia, que permanecer conectados con el otro era más importante que con nosotros mismos...tuvimos que complacer, obedecer, agradar y acomodarnos a las exigencias del entorno. Amor condicionado.
Sin embargo llega un momento en que esta práctica incomoda tanto que emprendemos el camino de vuelta a casa, de vuelta hacia nosotros mismos. La mirada interna derrumba los límites, nos da la posibilidad de ser Infinitos nuevamente.