La escena es más común de lo que muchos padres imaginan: un niño jugando, explorando, y de repente la alarma familiar: “se metió algo en la nariz” o “tiene un objeto en el oído”. Lejos de ser un hecho aislado, se trata de una de las consultas habituales en los consultorios de otorrinolaringología infantil.
“La exploración es parte del desarrollo normal del niño. No hay que dramatizar ni culpar a los padres, porque esto forma parte de la vida misma”, explica la Dra. Gabriela Sosa Jost, médica otorrinolaringóloga, quien atiende este tipo de casos todas las semanas.
Según la especialista, la mayoría de los episodios ocurren entre los 2 y los 6 años, cuando los chicos experimentan con objetos pequeños como semillas, cuentas, goma espuma, partes de juguetes o incluso insectos.
Cuándo se trata de una urgencia
No todos los cuerpos extraños implican el mismo nivel de riesgo. “Hay un elemento que siempre constituye una urgencia médica, tanto en la nariz como en el oído o la boca: la pila botón”, advierte Sosa Jost.
“Cuando la pila entra en contacto con la mucosa y se humedece, empieza a liberar óxido, lo que produce lesiones graves. En la nariz puede perforar el tabique, y en el oído puede generar pérdida auditiva”, detalla. Además, si el niño la ingiere, el daño puede extenderse al esófago.
En estos casos, la recomendación es clara: consultar de inmediato en una guardia médica.
Muchas veces el niño no avisa que se introdujo un objeto. Por eso, hay signos clave que los adultos deben reconocer. “Un síntoma muy típico es el olor fétido que sale de una sola fosa nasal, acompañado o no de secreción. Eso es cuerpo extraño hasta que se demuestre lo contrario”, asegura la profesional.