Cuando pensamos en avivamiento, generalmente viene a nuestra mente la idea de una revolución externa llena de manifestaciones sobrenaturales, milagros y expresiones carismáticas del mover del Espíritu Santo.
El problema de ver el avivamiento, o en este caso el mover del Espíritu Santo, como una manifestación externa, es que justamente ese tipo de experiencias generalmente quedan ahí. AFUERA.
Y la realidad es que ningún cambio, ningún evento por profundo que sea, es realmente duradero si no sucede primero dentro de nosotros.