La Guerra Civil en España (18 de julio de 1936 al 1 de abril de 1939) fue un devastador conflicto fratricida provocado por profundas fracturas estructurales en la sociedad, que enfrentó al bando republicano (fuerzas de izquierda reformistas y revolucionarias que defendían al gobierno legítimo de la Segunda República) contra el bando insurgente o franquista (fuerzas de derecha contrarrevolucionarias y militares sublevados). Lo que comenzó como un golpe de Estado parcialmente fallido derivó en una guerra total de desgaste fuertemente internacionalizada, donde Franco recibió un apoyo crucial en tropas, armamento y créditos de la Alemania nazi, la Italia fascista y el Portugal de Salazar.
Por el contrario, la República se vio asfixiada por la política anglo-francesa de "No Intervención" que le impidió comprar armas libremente, quedando dependiente de una limitada y condicionada ayuda de la Unión Soviética. Mientras la defensa republicana sufría una constante y letal división interna entre dar prioridad a la guerra o a la revolución social, los insurgentes impusieron una férrea unidad militar y política bajo el mando indiscutido de Francisco Franco como Generalísimo y Caudillo. Tras casi mil días de combates y una brutal violencia represiva en ambas retaguardias, el conflicto concluyó con la victoria incondicional de las tropas nacionales y el establecimiento de una dictadura de casi cuarenta años, dejando una trágica cosecha de más de 350.000 muertes directas por acciones de guerra y represión, cientos de miles de exiliados y una profunda catástrofe demográfica y económica que el país tardaría más de una década en superar.
Aun hoy, las heridas de la guerra siguen presentes en la sociedad española a través de un proceso inconcluso de reconciliación y memoria histórica que solo en la última década ha tratado de revisarse.