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Queridísimas oyentes:
¿Cómo estáis? Nosotras hemos tenido unas semanas complicadas a nivel personal y no pudimos sacar este episodio el pasado domingo. La parte buena es que tenéis una punzada sonora un miércoles. Esperamos que sea una sorpresa agradable.
Teníamos muchas ganas de volver a vuestros cascos, altavoces, coches y oídos… sobre todo con un temazo como la amistad. En este episodio os contamos algunos traumitas de amistades tóxicas y hablamos de la importancia de los vínculos afectivos con nuestros amigos. Abordamos el tema a través de nuestra definición preferida de amistad, la que propone Barthes en la figura «Mutismo» de Fragmentos de un discurso amoroso: la amisad como un espacio de sonoridad total. Siguiendo este hilo, hablamos de la aparente e injusta inferioridad de la amistad frente a otros tipos de relaciones y del «amor extraoficial» de la mano de Anne Boyer y Sigrid Nunez. Además, os traemos uno de nuestros temas favoritos: la aparición de amistades en lugares inesperados, fronterizos o inclasificables a partir de Cara de pan, un libro de nuestra querida Sara Mesa. ¿Es la amistad tan importante como las relaciones de pareja? ¿Cómo podemos cuidar de verdad a nuestros amigos? ¿Cuáles son las consecuencias de una amistad tóxica? Intentamos responder a estas preguntas y mucho más. Hablamos también de la importancia de juzgar o no a nuestras amigas, del artículo Las amigas que ya no somos de Leonor Cervantes Vargas, y de historias personales y abismos.
Os dejamos el link a Spotify:
Y a iVoox:
Ojalá os guste.
¡Aprovechamos para contaros que estamos preparando un montón de cosas para nuestros mecenas de cara a enero! Por el módico precio de 5€ (u 8€ o 10€ si os sentís generosas) podéis venir a este taller literario sobre nuestra querida Annie (os iremos informando de más cosas que tenemos preparadas, ¡despejad ya vuestras agendas de enero, estamos preparando un comienzo de año ultra literario!). Os dejamos el cartel y el link al Patreon aquí.
Adelante,
Paula & Inés
Queridísimas oyentes:
Volvemos a vuestros oídos con la segunda parte de Dolor. Hablamos esta vez del dolor de los demás, de cómo gestionar vulnerabilidades ajenas y problemas éticos cuando quienes sufren están lejos de nosotros. También hablamos de grupos y colectivos vulnerables al sufrimiento y de algunas atrocidades cometidas a lo largo de la historia en el campo de la investigación médica. Utilizamos textos de Susan Sontag, Peter Singer y Lydia Feito; hablamos de la novela Personajes desesperados, de Paula Fox, y de la serie Dopesick (Disney+). Todo, por supuesto, a partir de la figura de Barthes de «Compasión». ¿El sufrimiento ajeno implica siempre sufrimiento propio? ¿Está mal que sintamos más compasión por quienes tenemos más cerca? Intentamos iluminar un poco el camino hacia respuestas a estas preguntas.
Aquí el episodio en Spotify:
Y aquí en Ivoox.
Adelante,
Inés & Paula
Queridísimas oyentes:
Qué gusto volver a vuestros oídos. En este podcast arrancamos una serie sobre el dolor en la que hablaremos del dolor propio y el dolor ajeno. En el episodio de hoy reflexionamos sobre el dolor propio emocional en distintas ficciones (Marguerite Duras, Simone de Beauvoir, Annie Ernaux) y sobre el dolor físico y la enfermedad. Hablamos de las narrativas de la supervivencia y el lenguaje bélico que muchas veces se emplean al hablar de enfermedades como el cáncer (y nos centramos en el cáncer de mama) a partir del libro de Anne Boyer, Desmorir. ¿Sabíais de dónde viene el lazo rosa que se utiliza en la lucha contra el cáncer de mama? Os lo contamos. También exploramos el concepto de vulnerabilidad antropológica a través del pensamiento de Lydia Feito. ¿El dolor y la muerte nos hacen humanos? ¿Hay una vulnerabilidad intrínseca en nuestra especie? ¿Están las influencers explotando el Día Internacional de Lucha contra el Cáncer de Mama? Por supuesto que sí, porque les encanta el dinero. Os contamos esto y mucho más.
Ojalá os guste.
Hemos encontrado la fotografía de la portada en la Cátedra Arte y Enfermedades de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Politécnica de Valencia. Os dejamos enlaces para saber más acerca de la obra y de las artistas.
Os dejamos aquí el link a Spotify:
Y a ">Ivoox.
Adelante,
Paula & Inés
Queridísimas oyentes:
Esperamos que el cambio de tiempo y la llegada del otoño os hayan pillado bien. En Madrid el tiempo acaba de volverse frío justo ahora. Nosotras os traemos hoy un nuevo episodio de nuestro programita (cada vez más grande) que habla del recuerdo, de la relación entre memoria, deseo y lenguaje. Os contamos los libros que hemos leído en verano, la fascinante historia del lenguaje de los indios piraha del Amazonas y cómo este se ubica fuera del tiempo tal y como lo conocemos. También hablamos de Siri Hustvedt, de Barthes y sus movidas fragmentarias y de qué sucede en nuestras vidas cuando las personas no nos eligen. Ah, y os contamos qué opinamos de La Casa del Dragón y alguna que otra serie que revolotea en nuestras pantallas.
Esperamos que lo disfrutéis y os acompañe, y que demos la bienvenida al otoño y a esta nueva temporada de Punzadas Sonoras como se merecen: por todo lo alto.
Os dejamos el link a Spotify y a Ivoox:
Adelante,
Inés & Paula
Queridísimas oyentes:
Esperamos que estéis bien y que el final del verano os pille todavía descansando. Tanto si seguís paseando por la playa o tiradas en el sofá con el ventilador o ya habéis vuelto a la temible rutina, llegamos con un nuevo episodio para amenizaros un poco las horas. Volvemos a abordar el tema de la noche: hablamos de qué papel jugaban la noche y sus hijas en la mitología griega, qué significa la noche para nosotras y para nuestras madres y abuelas y en qué consistían los experimentos mentales de los escépticos (sus “posibilidades de engaño radical”, que no tienen nada que ver con infidelidades, pero son igual de interesantes) de la mano de Montaigne. También hablamos sobre la manera en la que el capitalismo se conjuga con la necesidad de dormir (spoiler: se conjuga mal).
Esta es la última de las Punzadas Veraniegas, esperamos de corazón que hayáis disfrutado de Traducción, Declaración y ahora Noche II. Pronto inauguramos segunda temporada con más cartas, más episodios y otras sorpresas que iremos desvelando pronto.
Aquí el link a Spotify:
Adelante,
Paula & Inés
Queridísimas oyentes:
Estamos de vuelta en vuestros buzones y en vuestros cascos mientras vais en metro al trabajo, laváis los platos o sacáis al perro. Esperamos de corazón que este agosto os esté tratando bien. Hoy os traemos uno de los episodios más especiales de Punzadas Sonoras hasta la fecha, que después de algunos problemas técnicos grabamos con muchas risas, mucho sueño y muchas ideas locas sobre EL AMOR. Os contamos por qué creemos que hay que declararse a las personas que nos gustan (e igual incluso nos declaramos a las nuestras), hablamos de lo que decía Barthes acerca del discurso amoroso más literal y también hablamos de películas donde hay declaraciones que nos punzan. Todo eso acompañado de reflexiones en torno a las ideas de nuestra querida Eva Illouz, que en su libro El fin del amor escribe acerca de las transformaciones históricas del proceso del cortejo. También escuchamos las recomendaciones de Marta Granjo, que nos da un par de títulos muy interesantes sobre disidencia sexual.
Un episodio para nuestras mejores fans ;)
Aquí el link a Spotify:
Adelante,
Inés & Paula
P.D.: ¿Vosotras deshojáis margaritas?
Queridísimas oyentes:
HEMOS VUELTO. Después de unas semanas de descanso, tiempo en familia y muchas lecturas, os traemos tres regalitos veraniegos muy especiales. Desde hoy y hasta que acabe agosto, cada domingo tendréis una nueva punzada sonora en vuestros buzones. La de hoy es traducción, basada en los conceptos de nuestro adorado Barthes de átopos y comprender. Hemos querido darle vueltas a las situaciones vitales en las que tenemos que traducirnos a nosotras mismas, con quién lo hacemos y por qué. ¿Es bueno? ¿Entraña violencia? ¿Qué pasa cuando un lenguaje compartido muere? ¿Tiene esto algo que ver con la traducción lingüística? Tenemos el lujo de escuchar las palabras de Nuria Barrios, traductora y autora del ensayo La impostora, sobre la traducción, y reflexionamos sobre qué nos dice Sara Mesa en Un amor sobre este tema; hablamos también de Steiner, Borges, Nabokov y Kallifatides, cuatro señores interesantísimos, no como los que nos ponen de los nervios cuando pretenden explicarnos el mundo en las sobremesas (nos quejamos también de eso). Además, escuchamos una anécdota de nuestra querida Gudrun Palomino, traductora profesional que anda peleándose con unos textos muy interesantes.
Teníamos muchas ganas de volver a vuestros oídos… ¡y se nos nota! Os dejamos el link al episodio en Spotify:
Esperamos que estéis bien, que si habitáis el verano lo hagáis con mucha awita, mucha crema del sol y mucha paz.
Arrancamos de nuevo.
Adelante,
Queridísimas oyentes:
Esperamos que estéis bien. Estamos muy orgullosas del guion del episodio que estáis a punto de escuchar: buceamos en las distintas noches de Barthes, la oscuridad y las tinieblas; leemos los poemas de los místicos sobre la noche y a Lorca (un abrazo panita); comentamos el tema de los abusos sexuales en la infancia con un libro de Manon Uphoff, escritora danesa; reflexionamos sobre cómo el miedo a la oscuridad afecta al urbanismo y qué ideas puede aportar el feminismo sobre cómo se diseñan las ciudades y leemos un poquito de literatura japonesa para terminar… todo esto y más si le dais al play.
(Gracias especiales a Nacho Iglesias, aka: el mejor productor del mundo, por hacer magia).
Aquí el link a Spotify (¡dadnos estrellitas!):
Y a Ivoox.
Adelante,
Paula & Inés
Queridísimas oyentes:
Esperamos que estéis bien. Aquí estamos de vuelta con un nuevo episodio de Punzadas Sonoras, contentas porque es nuestra primera vez haciendo una segunda parte. Hemos recogido las cartas que algunas de vosotras nos enviasteis al correo ([email protected]) y hemos construido un mix mágico donde os contamos qué es la escritura asémica (vais a flipar) y por qué Barthes quedó fascinado con las escrituras ilegibles de Mirtha Dermisache, una artista argentina. También hablamos de las cartas de Sylvia Plath y de la correspondencia (picante) de Anaïs Nin y Henry Miller y su triángulo amoroso con la mujer de este, June Mansfield; debatimos si se puede decidir dejar de querer a alguien o si el amor es algo que «simplemente pasa» y terminamos con las maravillosas cartas de artistas, Van Gogh, Monet, Khalo y muchos más. Todo esto mientras sudamos a mares en un Madrid infernal.
Aquí va el link a Spotify:
e Ivoox.
Os dejamos algunos ejemplos de escritura asémica:
y os deseamos un lindo domingo y un fresco comienzo de semana.
Adelante,
Ines & Paula
Queridísimas oyentes:
¿Cómo estáis? Nosotras rozando con la punta de los dedos la «libertad». No del todo, porque seguiremos trabajando y preparando proyectos, pero nuestras vidas académicas se acaban (la de Paula quizás para siempre, qué vértigo…). Estamos contentas porque hoy tenemos un episodio de Punzadas Sonoras muy especial en muchos sentidos: no partimos de Fragmentos de un discurso amoroso, como siempre, sino que os traemos otro libro de nuestro querido Barthes, La cámara lúcida. Hablamos de la foto de su madre que tanto le punzó y de algunos de nuestros temas favoritos: jardines y escritura, naturaleza y escritura, naturaleza y lenguaje, flores, plantas, verdes, campos y vidas. Contamos con una colaboración de lujo: Valeria Correa Fiz, que este año ha publicado un libro maravilloso con Páginas de Espuma titulado Hubo un jardín, que no para de cosechar éxitos. Por cierto, la Feria de Madrid empezó hace un par de días, quizás nos veamos por allí, por muchas razones vamos a acampar en El Retiro este año para exprimir al máximo el ambiente, las firmas, los eventos… y a comprar muchos libros para sobrellevar el calor (saludad si nos veis, por favor).
En este episodio hablamos de Emily Dickinson, de Pia Pera, de Mary Oliver, de Clara Obligado… de nuestra queridísima María Sánchez y de mil cosas más.
Os dejamos aquí el link a un proyecto de la artista y escritora Odette England del que hablamos en el episodio y algunas de las fotos que forman parte de dicho proyecto:
Y, por supuesto, el link a Spotify:
Y a iVoox.
Y os dejamos también un cuento que escribió Paula el año pasado y que también sucede en un jardín. Escucháis el podcast y luego leéis el cuento o leéis el cuento y luego escucháis el podcast, sea como sea…
Adelante,
Paula & Inés
Si te viera en un jardín
Mi momento favorito del jardín es a la noche, cuando los visitantes se van. Cuando el último cruza el límite y las puertas se cierran, el jardín queda confuso, como si a pesar de los siglos no se acostumbrara todavía a ese instante en el que no es de nadie y no tiene que conjurar los deseos y los espectros de los visitantes. Entonces, se queda mudo, quieto. No crece nada nuevo, las explosiones de colores y los rugidos de los animales cesan de golpe. Poco a poco, van desapareciendo las invenciones. Las mujeres desnudas que jugaban en la fuente se evaporan. En ocasiones, al jardín le da tiempo a colocar brevemente una expresión de sorpresa y desolación en sus rostros perfectos. Lo veo desde la torre, esa toma de autoconciencia súbita que se apaga enseguida. Los animales exóticos, los manjares, los gemidos, el vino, todo se detiene respondiendo a una misma orden. Cae la noche y el jardín debe dormir. Él lo sabe. Se apagan también los cuerpos de los torturados, desaparecen los crucifijos y las herramientas, las flechas, los cañones, los machetes. Las representaciones de los dioses y las proyecciones de los muertos vuelven al olvido, temporalmente. Se desintegran las siete maravillas, las cascadas y los volcanes, las catedrales, los cuadros. Todo se va, nada permanece, el jardín es ahora una simple extensión de hierba alta.
Entonces salgo de la torre. Le he dado unos minutos, una compasiva invitación al descanso, aunque siempre me han dicho que no hay que tratar al jardín como algo vivo. Al principio le noto la pereza. Se revuelve con un leve rugido, que se apacigua enseguida: está en la naturaleza del jardín darle a uno lo que quiere. Doy unos pasos y me asomo al balcón de mi puesto de vigía, escucho el silencio, que ahora es mío, y me concentro. Todo aparece, entonces, ante mí. Todo lo que habitaba mi mente lo encuentro ahora fuera. Cojo aire, me froto las manos, intento despejar la imaginación. Agarro, por si acaso, un puñal.
Por la mañana las puertas se abren a la hora de siempre. Hay pocos visitantes, es un día tranquilo. Desde hace una temporada los días de trabajo en el jardín se me hacen largos y espesos. Han prohibido la entrada a los niños, sus pensamientos salvajes se volvían contra ellos, no eran capaces de liberar la mente y el jardín les devolvía el espejismo de sus propios miedos. Salían aterrorizados, escondidos entre las piernas de sus madres. Desde que no hay niños en las visitas mi trabajo es mucho más fácil y mucho más aburrido. Tan aburrido que por las noches mis incursiones al jardín son cada vez más largas, más atrevidas, más peligrosas. Empuño con firmeza el cuchillo, salgo a la hierba con ansia, con la mente turbia y los pensamientos desordenados.
La mañana que te veo por primera vez amanezco con algunos arañazos en las manos y un corte profundo en la mejilla que cicatrizará a lo largo del día. Lo noto cada vez que me paso el dedo por la cara, cómo la carne se va cerrando poco a poco. «El jardín hace daño, pero también cura», te diré más tarde, cuando intento convencerte de que te quedes.
Haciendo la ronda alrededor del pabellón de los gemidos veo bajar de un árbol a un leopardo azul. Siento un pinchazo en el pecho. La criatura avanza lentamente, medio escondida entre la vegetación selvática. Me desvío de mi ruta y me acerco con cuidado. El leopardo se gira y se aleja y yo me pregunto ya entonces si no estarás llamándome, guiando a la criatura para que me lleve a donde estés. Todavía albergo dudas de si eres tú, necesito verle los ojos. Compruebo con una mano que el puñal está en su sitio, en el lado derecho de mi cadera. Sentir la hoja afilada en su funda me tranquiliza lo necesario como para echar a correr y cortarle el paso al felino. Los ojos, dos enormes lagos azules sin pupila, me miran impávidos. En cuanto comprendo, el leopardo se desvanece. Estás, pero lejos.
Vuelvo corriendo a la torre y agarro los prismáticos. Te busco desde las alturas. Quiero encontrarte directamente, sin la ayuda del jardín, pero las proyecciones del resto de visitantes me distraen. Apenas puedo ver nada desde mi puesto, las criaturas aladas que sobrevuelan el jardín no me dejan. Me tiemblan las manos. Entro en la torre y busco nuestros antiguos cuadernos, los saco del fondo de la librería, llenos de polvo. Sé que si abro por cualquier sitio encontraré al leopardo. Querría confiar en mis recuerdos, pero temo haberlo inventado todo. Arranco una página. Es tal y como lo recordaba. Bajo de nuevo a la tierra. Doy vueltas y vueltas cada vez más frenético, cada vez más alejado de mis rutas habituales. Me interno en la parte del jardín donde crece la vegetación más espesa e imprevisible: plantas carnívoras ya extintas que los profesores de botánica que acuden cada día en masa se reúnen para adorar. Veo a un grupo de ellos postrados en círculo frente a una flor de dientes afilados, que parece comprender la fascinación que ejerce en los hombres, porque se contonea y se relame y casi parece que los mira sin ojos.
Persigo desesperado la visión del leopardo azul y cada vez me cuesta más mantener intacta la barrera que contiene mis propios pensamientos y deseos. Corro el riesgo de que el jardín me encuentre si no consigo frenar el ritmo de mis latidos. Todo mi entrenamiento de años, mi autocontrol, la rígida disciplina que me permite pasear por el jardín sin proyectar nada, velando únicamente por la seguridad de los visitantes, se desvanecerá. Cada vez más fuerte, ataca mi mente la visión del leopardo. Tengo miedo de que se materialice frente a mí y que no sea el tuyo.
Entonces, en un claro de selva, bajo una estructura de hierro plagada de rosas blancas, me veo. Estoy vestido con la ropa que llevaba el día que nos despedimos. Me resulta extraño verme así, sin el uniforme que llevo desde hace años. Nunca me había visto de perfil y por un momento dudo que sea yo. Luego, tu leopardo azul aparece y se enrosca a mis pies y mi doble se inclina para acariciarlo. «Estás cerca», pienso entonces, e instantáneamente sales de la vegetación, vestida de blanco, le susurras algo al oído a la criatura y alzas la vista para mirarle a los ojos a él. Le acaricias la mejilla, le das un beso breve en el cuello. Lo veo todo desde …
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