Primavera: por qué se está resucitando un antiguo sistema de riego en España.
Un proyecto de restauración de una red de acequias con 1.000 años de antigüedad está ayudando a los agricultores de Las Alpujarras – Sierra Nevada a adaptarse a los efectos de la crisis climática.
Stephen Burgen en Cáñar, las Alpujarras
En lo alto de las Alpujarras, en las laderas de la majestuosa Sierra Nevada de Andalucía, el silencio se rompe solo con el sonido de un arroyo que corre por la nieve. Aunque no es un arroyo sino una acequia, forma parte de la red de miles de kilómetros de canales de irrigación creados por los musulmanes hace cientos de años.
El canal se encuentra en una altitud de 1.800 metros y, alimentado por la nieve descongelada, durante siglos ha suministrado agua al pueblo de Cañar y hasta que dejó de usarse en la década de los 80 del siglo XX a la población de toda la zona.
Ahora, el agua vuelve a fluir gracias a un proyecto ideado por el laboratorio de arqueología biocultural de la Universidad de Granada y respaldado por financiación local y europea. Con la ayuda de voluntarios, el proyecto MemoLab está restaurando la extraordinaria red hidrológica de la comarca en un momento en que la crisis climática está exponiendo a España a períodos prolongados de sequía y la agricultura intensiva está ejerciendo una presión extrema sobre el suministro de agua.
Cuando los bereberes colonizaron España a principios del siglo VIII, trajeron técnicas de conservación del agua adquiridas durante siglos en Oriente Medio.
«La revolución agrícola islámica fue la primera revolución verde. Reunieron técnicas y conocimientos sobre el agua, el suelo, las plantas y también sobre cómo se comporta la nieve«,
dice José María Martín Civantos, profesor de arqueología de la universidad e impulsor del proyecto.
«Transformaron la forma en que se usa el agua en el Mediterráneo.”
Las técnicas introducidas por los musulmanes permitieron una mayor diversidad agrícola, con la introducción de cultivos como la caña de azúcar y los cítricos.
«Involucrar a las personas en la creación de estos sistemas de riego fue una forma de asimilar a la población existente, que pudo ver las ventajas«, agrega Civantos.
La lluvia llega al Mediterráneo en breves ráfagas torrenciales, con el resultado de que la mayor parte del agua se pierde al correr hacia los ríos y el mar. La genialidad del sistema de acequia es que al controlar el flujo del agua, ya sea de lluvia o deshielo, reduce la escorrentía y, al mismo tiempo, permite que el agua sea absorbida por la tierra para reponer los acuíferos en lo que literalmente es un efecto de goteo.
Civantos describe esto como «sembrar agua«. En lugar de desviar el agua hacia cultivos específicos, la idea es «empapar la montaña» para que el agua pueda almacenarse en acuíferos para utilizarse en tiempos de sequía.
«El requisito básico para que el sistema funcione es que el canal no sea demasiado permeable y tenga un gradiente que mantenga el flujo correcto de agua. Entonces necesitas una comunidad de personas para mantenerlo«,
dice Sergio Martos-Rosillo, geólogo involucrado en el proyecto.
«El sistema es eficiente, los acuíferos se reponen y no se requiere tecnología«,
comenta, y agrega que se está explorando la reactivación de técnicas similares en varios países latinoamericanos, incluido Perú, y también hay interés en California, donde las técnicas modernas de riego se han vuelto insostenibles.
El sistema «lleva, en España, funcionando hace más de 1.000, lo que demuestra su adaptabilidad«, dice Martos-Rosillo. «Es mucho más manejable y adaptable que construir una presa y mucho más resistente al cambio climático.”
Cayetano Álvarez, presidente de la comunidad de regantes de Cañar, no tiene ninguna duda sobre el impacto que el proyecto ha tenido en el pueblo.
«Todos están obligados a mantener los canales en sus tierras«, dice. «Este proyecto ha marcado una gran diferencia, pero hay acequias abandonadas en muchos otros pueblos cercanos.”
El sistema está integrado y si se abandona el terreno y se dejan obstruir los canales, el agua no puede fluir más allá del bloqueo. Así que cada primavera, la universidad y las aldeas organizan grupos de voluntarios para despejar los obstáculos de las acequias.
«No se trata solo de limpiar las hojas y el barro. También consultamos con los lugareños cómo colocar los trozos de pizarra que bordean las acequias«,
dice José Antonio Palma García, quien lleva cinco años de voluntario.
«Me siento bien haciendo este trabajo. Siento que le estoy devolviendo algo a la tierra. También conozco gente que normalmente nunca conocería, somos como una gran familia.”
Al otro lado de la sierra se encuentra el pueblo de Alfacar, muy por encima de Granada, cerca de donde se cree que los fascistas asesinaron (entre otros muchos) al poeta Federico García Lorca al comienzo de la guerra civil en 1936. También es el sitio de una piscina de paredes de ladrillo de agua clara de montaña conocida como La fuente de las lágrimas (Fuente Grande).
«Se llama así por su forma«, dice Elena Correa Jiménez, investigadora del proyecto. «El manantial se abastece de un acuífero y la acequia se creó hace 1.100 años para abastecer de agua al Albaicín, la medina de Granada, a 8 kilómetros de distancia.”
MemoLab ha restaurado gran parte de la acequia y, aunque no llega al Albaicín, ahora riega los jardines de la universidad.
Civantos dice que uno de los desafíos del proyecto fue tratar de recuperar el conocimiento colectivo nunca escrito. Debido a la conquista católica de la España islámica y la expulsión de la población musulmana a principios del siglo XVII, gran parte de este conocimiento se perdió.
«La gente no cree que los campesinos puedan idear algo tan complejo«, dice Civantos. «Los romanos construyeron acueductos y otras obras hidráulicas, pero siempre fue para la gloria del Estado. Este trabajo se hizo para que la gente común pudiera sobrevivir».
«Recuperar este sistema implica reconocer una parte importante de nuestro patrimonio. La España musulmana era principalmente una sociedad agraria«.
«No se puede entender la gloria de Córdoba o Granada sin entender que lo que había detrás era la riqueza creada por una forma de agricultura mucho más avanzada y productiva que en otras partes de Europa.”
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