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El accidente fue terrible. Una camioneta que iba a noventa kilómetros por hora se estrelló contra un autobús escolar. Sucedió en el estado de Iowa el 10 de noviembre de 1984. En la camioneta viajaban dos hombres, de apellidos Noonan y Lake. Los acompañaban sus hijas Patricia Noonan de dieciséis años, y Shawn Lake de catorce.
A la madre de Shawn, llamada Colleen, le informaron que su esposo había muerto en el choque junto con el señor Noonan y Patricia, mientras que Shawn había sobrevivido, aunque había quedado desfigurada y en estado de coma. Colleen encontró a su hija en el hospital, vendada de pies a cabeza. Allí, junto a su cabecera, se mantuvo orando catorce días, hasta que la joven abrió los ojos y habló. ¡Pero no era Shawn sino Patricia! Era un caso de identificación equivocada.1
«No importa que esa joven no sea mi hija —manifestó Colleen Lake—; yo igual le seguiré mostrando amor de madre.»
He aquí una historia con detalles patéticos. Una madre se pasa dos semanas a la cabecera de quien cree que es su hija. Mujer fiel y seguidora de Cristo, se pasa el tiempo orando por ese cuerpo juvenil destrozado. Por fin sus oraciones hallan respuesta. La joven despierta, sólo para aclarar que se llama Patricia Noonan, no Shawn Lake. Sin embargo, el amor materno de Colleen sigue inalterable. No importa que sea la hija de otra y no la suya. En medio de las desgracias comunes, la solidaridad humana se hace más firme, más sólida, más profunda y —valga la redundancia— más humana, y el amor se perfecciona y halla inmejorables motivos para expresarse.
¿Qué sería de este mundo si no hubiera amor: amor de madre, amor de padre, amor de esposo y esposa, de hijos y de nietos? ¿Cómo estaría de contaminado el ambiente moral del mundo si no existiera el amor de novios o el amor de hermanos? Tal vez nos invadirían todos los demonios que pueblan los aires, y nos atormentarían más de lo que actualmente nos atormentan.
El amor es la esencia de la vida porque es la esencia de Dios nuestro Creador. Jesucristo, el Hijo de Dios, dijo: «Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos.»2 Y a las pocas horas lo demostró, dando su vida por nosotros en la cruz del Calvario. Por eso San Juan, quien lo vio sufrir y morir en esa cruz, dijo que Dios es amor.3 Cristo fue la personificación misma del amor: el amor encarnado.
Ahora nos corresponde a nosotros amar a los demás tal como Cristo nos amó a nosotros. Por eso San Juan, antes de declarar que Dios es amor, afirmó que el que no ama, no conoce a Dios.4 Lo cierto es que, así como Dios ayudó a Colleen Lake, la madre de Shawn, en medio de su propio dolor, a amar a una joven desfigurada que no era su hija, Él también quiere y puede ayudarnos a nosotros a amar a nuestros semejantes.
Carlos Rey
Un Mensaje a la Conciencia
www.conciencia.net
Desde hace décadas viene creciendo a nivel mundial el interés por las llamadas “zonas azules” del planeta, donde sus habitantes no solo atraen la atención por su longevidad, sino por su calidad de vida pasado el centenar de años. Allí residen individuos muy longevos que gozan de buena salud, y llegan a morir naturalmente, sin que medie una enfermedad.
¿Cuáles son los rasgos distintivos de estas poblaciones? ¿Qué hábitos y prácticas tienen en común? ¿Qué valor hay en la longevidad?
¡Imperdible serie con la Psic. Graciela Gares!
«Nosotros, judíos de nacimiento, y no pecadores de entre los gentiles, sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado».
Gálatas 2:15-16
Acompáñanos en este recorrido versículo por versículo por toda la Carta a los Gálatas, con la guía del Prof. Héctor Leites. Para conocer el significado original de las palabras, la intención del escritor, y lo que Dios quiere decirte hoy a través de este texto.
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