La corrupción suele evocarnos imágenes muy concretas: un empresario entregando dinero en efectivo, una comisión ilegal, un contrato amañado, una caja fuerte llena de joyas o un político utilizando su cargo para enriquecerse. Son conductas que pueden investigarse, juzgarse y, a veces, castigarse. Delitos con nombre y apellidos que ocupan portadas, abren informativos y alimentan durante semanas el debate político.