Este viernes, 5 de junio, acaba el plazo que Estados Unidos dio a las empresas extranjeras para dar por cerrados todos sus negocios con el Grupo de Administración Empresarial (Gaesa) en Cuba si no querían enfrentarse a sanciones. Se trata de un conglomerado militar que controla transporte, comercio, gasolineras, telecomunicaciones o activos hoteleros. En torno al 40% del Producto Interior Bruto. El ultimátum ha llevado a grandes cadenas como Meliá o Iberostar a abandonar la isla. Un paso más dentro de la estrategia de Donald Trump para hacer caer al régimen castrista. Comenzó en enero, cuando firmó una orden ejecutiva declarando la "emergencia nacional" sobre el país caribeño y amenazando con aranceles a los países que facilitaran la llegada de petróleo. Comenzaba así una asfixia energética que no ha hecho más que agravarse.
Más de cuatro meses después, la isla agoniza. Así lo ha podido constatar la directora general de Relaciones Exteriores del Gobierno de Canarias. Miossoty Paradelo Martín, de origen cubano, inició un viaje a su isla el pasado mes de mayo. A su regreso al Archipiélago relata la dureza de lo vivido y observado. Una Cuba que no reconoce y en la que el día a día transcurre entre necesidades elementales: los cortes de luz llegan a durar más de 40 horas, las dificultades para alimentarse o acceder tratamientos sanitarios se multiplican. "Son tantas las necesidades prioritarias que (el cubano) no se preocupa por la guerra o por una intervención. Se preocupa más por qué va a comer, qué medicamento necesita para salvar la vida, cómo va a tener un parto normal ante la llegada de un bebé", explica. La incertidumbre sobre el futuro de Cuba, sobre si habrá un derrocamiento del régimen una transición pactada, también crece.
Las ayudas que envían desde el extranjero las familias soportan actualmente buena parte del hogar, asegura Paradelo. Sin embargo, los problemas en el sistema de envío de remesas son constantes. Sobre las implicaciones del desplome turística, recuerda que es el principal motor económico del país y dibuja un efecto cascada. "Desde el momento en que se retiran las cadenas hoteleras, desde el momento en el que existe afectación a los vuelos, no hay turismo. No hay entrada de divisa. Se pierden muchos puestos de trabajo que ya eran difíciles". La conclusión de la directora general es contundente: "Se está matando a un pueblo. A una población que no ha tenido la posibilidad de entrar en discusiones políticas, de gobierno, que es lo que existe ahora mismo".