Cuando un Gobierno no puede exhibir eficacia, estabilidad o ejemplaridad, necesita elevar el debate hacia terrenos simbólicos donde la emoción sustituya a la gestión. Para el PSOE es más rentable agitar el fantasma del franquismo, antes que explicar adjudicaciones y rescates bajo sospecha. O hablar de “bloques democráticos” antes que hacerlo de comisionistas entrando con bolsas de chistorras en los ministerios. Es mucho más cómodo abrir un debate constituyente, que responder sobre el círculo íntimo del poder socialista, sacado de una peli de Torrente con guion de Valle-Inclán.