Cuando una persona se independiza y cierra por dentro la puerta de su primera casa abre un mundo interno de emociones difíciles de describir para quien no ha vivido la experiencia: ese espacio comprado o alquilado representa la consecución de un sueño; el hogar que construiremos solos o acompañados; y también un refugio para resguardarnos de las inclemencias laborales o sociales. Está diseñado expresamente con muebles y adornos que nos gustan, y no con los que eligieron nuestros padres para decorar la casa en la que nacimos.