El Papa es, sin lugar a dudas, un líder internacional de primerísimo nivel; y Canarias un pequeño archipiélago esquinado en el oceáno atlántico. Su visita tiene, por tanto, una trascendencia indiscutible para estas Islas y una oportunidad, efectivamente, de visibilizarnos en el mapa mundial más allá de nuestros dramas, ya sea un volcán o las muertes en el mar. Pero de ahí a tener que parar la actividad escolar y ralentizar la laboral porque el jefe del Vaticano pasa por aquí, parece una medida bastante, pero bastante desproporcionada.