En los tiempos que corren parece una utopía imaginar un país en el que el migrante sea recibido y valorado por lo que realmente aporta al lugar al que llega, con la esperanza de rehacer su vida, con todo lo que ello conlleva: un enorme esfuerzo de superación y la búsqueda de un modo de integración lo más favorable posible para ellos y nosotros. Esta es la regla general, y lo contrario la excepción, por mucho que una corriente de intolerante y puristas de la raza se empeñe en criminalizarlos.