Esto es un error desde donde lo veamos: nuestra pareja no es nuestro hijo, tampoco es nuestra responsabilidad “arreglarlo” o “hacerlo sentir bien”, o “rescatarlo de su paternidad o de sus errores, omisiones o carencias como papá. Y si acaso creemos que lo hacemos por nuestros hijos, también es un error porque a la larga, nuestra pareja es ya un adulto (responsable o no) y nosotras somos madres solo de nuestros críos. Adoptar a un adulto (que es nuestro par) para tratar de educarlo, formarlo, atenderlo, guiarlo, consolarlo y todo lo que hacemos con nuestros hijos, puede resultar frustrante y agotador.