Estar vivos conlleva experimentar multitud de emociones y sensaciones. Si nos paramos a pensar el día a día está lleno de sensaciones (unas positivas y otras negativas), y no tienen que pasarnos cosas extremadamente importantes.
Por ejemplo, quedar con alguien para comer, tener un día productivo, esperar a que termine el día para ver tranquilamente el capítulo de la serie que te tiene tan enganchado. O, por el contrario, el hecho de no haber dormido bien, o haberte quedado dormido y tener que ir corriendo al trabajo, tener algún problema con un compañero de trabajo, o con alguien de tu familia… hace que empieces el día con el pie izquierdo.
Si nos damos cuenta, sentir significa estar vivo, pero ¿Qué ocurre cuando dejamos de sentir todas esas sensaciones y permanecemos en un estado de apatía continua?
Nuestra psicóloga, María Arévalo, nos da todas las respuestas