Dicen que los mexicanos olemos a maíz. Para algunos esto es un insulto, sobre todo, para aquellos que reniegan de su origen y sueñan con "el primer mundo" y ser "ciudadanos globales". La realidad es que el maíz, además de ser la base de nuestra alimentación, es, de acuerdo a las mitologías prehispánicas, lo que formó nuestra carne y nuestra sangre. Sin maíz, no hay tortillas y sin tortillas no hay tacos. No habría esquites, o elote con mayonesa y queso,no habría sopes, tlacoyos, picadas, pozole... Así que definitivamente, si, me encanta ser hija del maíz.