DESINFORMACIÓN
"La desinformación actúa como una forma de violencia sutil diseñada para sembrar inquietud, desconfianza y manipular conciencias, individuales y colectivas. Una estrategia, que algunos denominan terrorismo mediático, que aprovecha la hiperconectividad para saturar a los ciudadanos con estímulos emocionales que anulan el pensamiento crítico y facilitan, en último término el control social. Las plataformas digitales y sus algoritmos, pero también medios de comunicación convencionales, pueden actuar como amplificadores de estas narrativas, priorizando el impacto y la polarización sobre la veracidad de los hechos.
El miedo y la confusión instrumentalizados derivan hacia una erosión de la confianza institucional y empuja a la sociedad a intercambiar libertades por una falsa sensación de certezas “tribales” y orden. Ante este escenario acelerado, donde se acumulan informaciones y datos sin solución de continuidad es complejo encontrar una pausa reflexiva que permita verificar las noticias, diferenciar datos de relatos, y donde tampoco es fácil confiar en el buen hacer de una responsabilidad compartida entre instituciones, medios y ciudadanos como único antídoto eficaz. En última instancia, la democracia depende de nuestra capacidad para distinguir entre las alertas legítimas y el alarmismo interesado..."