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Un sacerdote que no reza corre el peligro de perder su ministerio, no porque no tenga vocación, sino porque las cosas del mundo acabarán por atrapar su corazón para arrastrarlo lejos de la voz de Dios. Sabiendo esto, D. Pablo Sanchis Cano, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia (España), guarda siempre al menos una hora al día para estar a solas con el Señor, expuesto en la custodia. Allí, en esa soledad con Dios, el alma encuentra la intimidad con su Creador, y este le muestra las cosas que aún debe purificar, aquellas otras contra las que debe luchar y reaviva el recuerdo de por qué vive, por qué está luchando, por qué es sacerdote y cuál es su meta final: glorificar a Dios con su vida y alcanzar la vida eterna.
En este podcast de «Fuego de amor», el P. Rafael Alonso Reymundo, nos enseña que las palabras del Señor son veraces.
¿Cómo vivir la esperanza? Con el corazón en el cielo. Poseemos este deseo de los bienes eternos porque el Señor mismo nos lo ha prometido. ¡Escucha al P. Félix López, SHM, en «Cómo van a creer»!
«¿Qué estás haciendo con los talentos que el Señor te ha dado?».
Entre esta recopilación de artículos de la Revista HM, recordaremos el llamado que nos hace el Señor a lo largo de la historia: ¡No tengáis miedo!.
«Como cuando ves a un hijo que se parece a su padre, así era Jesús: como San José».
Es cierto que el presbítero debe estar sobre sí mismo más que un laico porque representa a Jesucristo y, por lo tanto, no puede comportarse ni expresarse de cualquier forma. Pero D. Pablo Sanchis Cano, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia (España), subraya que es importante que el pueblo, y el mismo sacerdote, recuerden que el presbítero sigue siendo un ser humano, limitado, para el que las caídas y los fallos entran dentro del día a día. El problema no está en caer, sino en no levantarse, o aún peor, no luchar para evitar esa caída.
«Se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador arrepentido».
D. Pablo Sanchis Cano, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia (España), vio llegar el día tan esperado de su ordenación sacerdotal como el cumplimiento de la promesa que el Señor hizo de sostenerle. Aparentemente, todo sigue igual después de la ordenación. Pero la realidad es que no es así: el presbítero queda consagrado a Dios y, si es fiel a lo prometido ese día, el Señor realizará a través suyo obras que ni el mismo ministro puede imaginar.
El P. Rafael y Teo nos hablan de que muchas veces las personas ven en los otros lo que ellos mismos llevan en su corazón.
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