La Neolengua y los Gobiernos progresistas
Explicaba Orwell en su famosa novela de ficción distópica “1984” que el partido, con el Hermano Mayor al frente, controlaba el Estado. Uno de los pilares de este sistema político era su lema…
“La guerra es la paz
La libertad es la esclavitud
La ignorancia es la fuerza"
Precisamente, una de las bases de aquel sistema descrito en el libro era el férreo control que el Gobierno realizaba sobre la verdad y sobre el lenguaje, trabajando intensamente para modificar, cambiar o incluso eliminar algunos términos y conceptos con el objetivo de perpetuar el control más absoluto sobre la población a través de la comunicación, que es un proceso complejo pero imprescindible para que la sociedad como tal pueda existir.
Este último fin de semana hemos asistido nuevamente a otro capítulo de la gestión sanitaria de la pandemia de Covid que la clase política de nuestro país lleva a cabo desde hace meses. Prácticamente hemos vuelto a la casilla de salida en una segunda ola de contagios y muertes provocados por un virus para el que todavía la comunidad científica no encuentra una manera más eficaz de controlarlo que no sea apelando al sentido común de la gente en cuanto al cumplimiento de las normas básicas de higiene y distanciamiento social.
Durante días se ha estado hablando de las medidas que desde el Gobierno se barajaban poner en marcha para controlar la expansión del virus en esta ocasión. Una de ellas era el anuncio del decreto del estado de alarma, como ya ocurriera en marzo cuando apareció la pandemia, y bajo este paraguas “legal” tener la opción de utilizar el “toque de queda”, que se trataría de una limitación del derecho fundamental que tienen las personas a circular libremente por las ciudades en las que viven con la salvedad de poder hacerlo solo en casos de necesidad o urgencia.
Y es curioso el especial interés que han puesto desde el Gobierno más progresista de la historia, en aclarar que no se trata de un “toque de queda” al uso, sino de una “reducción o limitación de la movilidad nocturna”. Quizás crean que por la noche el virus es menos contagioso o letal que durante el resto del día en los transportes públicos abarrotados de personas que tienen que ir a ganarse la vida, en los hospitales sin recursos y sin personal sanitario suficiente. O quizás, que por la noche y gracias a la “reducción de movilidad” impuesta, los rastreadores ya no son necesarios para controlar los focos y las cadenas de contagio.
Y es curioso que las mismas técnicas de control y de manipulación de la población sigan dándose o utilizándose cuando el “progresismo” toma las riendas del poder en cualquier Estado.