Natalia Corbalán portavoz nacional de SOS Rural
El mayor elemento integrador de las personas inmigrantes se llama campo
Que una región disponga de un sector capaz de ofrecer un trabajo digno a personas sin una formación especializada, con independencia de su lugar de origen, es muy valioso en una sociedad cada vez más exigente.
En un contexto en el que la mano de obra extranjera en el sector agroalimentario murciano es del 58,95% —de los que 47.503 no pertenecen a la Unión Europea (UE)—, el campo se ha convertido en un factor estratégico clave de integración para los inmigrantes, tanto en el mercado laboral como en la sociedad en general. Las inversiones —cada vez mayores— de las empresas en mejorar las condiciones de los trabajadores en aspectos como la seguridad, la ergonomía y el confort, ahondan en esta realidad. Estas mejoras no significan que el campo se haya convertido en un despacho con moqueta, pues seguirá haciendo calor y frío y se mancharán los zapatos de barro, cuando llueva y de polvo, cuando no. Pero el hecho de que una región disponga de un sector capaz de ofrecer un trabajo digno a personas sin una formación especializada, con independencia de su lugar de origen, es muy valioso en una sociedad cada vez más exigente.
El trabajo en el sector primario del Campo de Cartagena ha sufrido un enorme dinamismo en los últimos años, adaptándose a los cambios normativos, falta de mano de obra y cambios en las estructuras de producción. La introducción de nuevas tecnologías, incorporación de maquinaria innovadora, visión artificial y demás herramientas han permitido que los trabajadores desarrollen su actividad en un entorno más amigable, donde la fuerza física es compensada con el uso de maquinaria y robot de última generación.
El modelo agrario del Campo de Cartagena, que encadena campañas de frutas y hortalizas durante todo el año, reduce en sí mismo la temporalidad y favorece contratos fijos discontinuos —en vigor desde la reforma laboral de 2022—, frente a los eventuales más comunes en otras zonas. Esta realidad, unida a estas condiciones laborales más que dignas que priman en la zona, favorecen la estabilidad y fijan a la población inmigrante al territorio, permitiendo una integración real sin la necesidad de ayudas públicas.
En este sentido, las empresas agrarias del Campo de Cartagena han apostado por un modelo ético de gestión y ambiental, que se traduce en medidas como el Plan de Igualdad, que garantiza condiciones laborales dignas e igualitarias y que lucha contra la discriminación por sexo. Asimismo, se ha implementado un sistema de certificaciones de calidad para los proveedores de recursos humanos —normativa SGE- 21, ISO 9001, ISO 45001, o la certificación SMETA (Sedex Members Ethical Trade Audit)— y se están potenciando numerosas campañas de concienciación contra los abusos y el acoso laboral dirigido a los trabajadores con personas a su cargo. Además, el Código Ético con Sello de Excelencia —auditado por la certificadora internacional Bureau Veritas—, garantiza que las empresas agrarias del Campo de Cartagena respetan los más altos estándares en áreas como condiciones laborales, sociales y protección ambiental.