En esta cuarta charla cuaresmal, el P. Francesco Voltaggio parte de 1 Pe 2,18‑25 para mostrar que Cristo, siervo inocente, cargó nuestros pecados en la cruz y que por sus heridas hemos sido sanados, invitándonos en cuaresma a morir al pecado y vivir para la justicia. A la luz de Isaías 53 y de la tradición judía (Mesías sufriente, incluso “leproso”), explica que el siervo del Señor convierte el mal y el dolor en salvación y shalom, una plenitud de vida que va más allá de la simple paz. Retoma textos rabínicos y midrashim donde el sufrimiento del justo tiene valor expiatorio para el pueblo, y donde Dios “cura lo amargo con lo amargo”: las mismas heridas asumidas se vuelven rendijas por donde pasa la luz y medio de sanación. Esta dinámica se ilumina en la cruz: el “madero amargo” de Cristo transforma las aguas amargas de nuestra vida en dulces, de modo que nuestras heridas, unidas a sus llagas, pueden hacerse saludables y fecundas para otros. Así, no estamos condenados al victimismo: si ofrecemos injusticias, traumas y dolores con fe, unidos a Jesús, esos sufrimientos se convierten en oración eficaz, en camino de santificación propia y de salvación para el mundo. En esta cuaresma, la gran llamada es contemplar la pasión de Cristo, sumergir en su corazón nuestras amarguras y permitir que su gracia nos transforme de frutos amargos en frutos dulces, viviendo nuestras llagas como participación en las suyas para bien de muchos.