A la pregunta que le hace una persona a propósito del número de los que se salvan, Jesús no responde a esta cuestión sino que, aprovecha la ocasión para afirmar que para entrar en el gran don de Dios que es la “salvación” que Él ofrece, se requiere una acogida, una respuesta que exige empeño y un esfuerzo para entrar en ella. Y para ser partícipe de ella no serán suficiente los buenos deseos por sí mismos, pues “muchos intentarán entrar y no podrán”. Para entrar en el banquete del Reino de Dios no basta haber estado con Jesús, ni haberlo escuchado; ni tampoco
es suficiente con pertenecer al pueblo elegido; es necesario haber puesto en práctica sus enseñanzas.